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“Espejismo” de trabajo temporal atrapa a guatemaltecas

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por:Lizbeth Ortiz Acevedo, enviada

CIMAC Noticias

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CIMACFoto | retomada de teyacapan

CIMACFoto | retomada de teyacapan

Ante la violencia y abusos que implica la ruta migratoria tradicional, indígenas mayas guatemaltecas denuncian explotación y violencia por parte de granjeros y empresas canadienses, que las contratan de forma temporal para luego despedirlas injustificadamente.

La ONU, en su informe “Violencia contra las trabajadoras migratorias”, señaló que en 2013 la mayoría de las mujeres emigraron a consecuencia de la violencia de género, la discriminación y la desigualdad en la que viven.

Recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en su documento “Mujeres indígenas en América Latina. Dinámicas demográficas y sociales en el marco de los Derechos Humanos”, llamó a los países de la región a poner en práctica políticas basadas en estándares humanitarios y en los principios para mitigar la desigualdad que afrontan estas mujeres.

Así lo reconoció José Sicajau, representante legal de la asociación guatemalteca Unidos por Nuestros Derechos, al afirmar que esta forma de migración documentada se vislumbra como una oportunidad laboral para las indígenas, pero están sufriendo abusos ya que son encerradas en las granjas de trabajo y se les impide cualquier acercamiento con otras personas.

Esta situación que se vive en la provincia canadiense de Quebec, explicó Sicajau, también deriva en el despido injustificado de las mujeres jornaleras y su eliminación de la lista como trabajadoras temporales, lo que para muchas de ellas les genera una deuda impagable ya al obtener el empleo adquirieron créditos para comprar casas o terrenos.

La Encuesta sobre Remesas 2010, elaborada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), estima que en 2013 unas 389 mil guatemaltecas residían en el exterior y enviaban remesas a su país.

Según Jacobo Vargas, responsable del Proyecto de Estudios Internacionales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Guatemala, dijo a Cimacnoticias que si bien estos contratos yendo a Canadá les pueden durar hasta 15 años –de cuatro a 10 meses por año– “son muy inestables” porque hay mujeres que son excluidas del programa de visas temporales aunque hayan cumplido con su trabajo.

El especialista explicó que Canadá abrió un programa piloto con Guatemala en 2003 en el que intervino la OIM, para ubicar a jornaleras que conocieran el manejo de la uva, lechuga o brócoli, y emplearlas en el país del norte, pero después esta forma de empleo que benefició a las guatemaltecas se hizo “totalmente privada”, por lo que los gobiernos dejaron de intervenir.

Asimismo dijo que en el país centroamericano hay tres movimientos de migración temporal a España, Estados Unidos y Canadá. A esta última nación se dirigen las mujeres que carecen de estudios y que “no tienen el sueño americano”.

Alba Quel, de 42 años, se fue en 2003 a Canadá porque quería dar una vida de mayores oportunidades para sus dos hijas. Emigró como jornalera y durante tres meses trabajó la siembra y cosecha de la fresa, pero fue eliminada del programa por “abandono de empleo”, lo cual fue desmentido por la mujer, quien aseguró que cumplió con lo que se le exigía.

Desde las seis de mañana, Alba trabajaba 14 horas en los campos canadienses. Relató que al llegar la noche los granjeros encendían las luces de los tractores y de la maquinaria para que las mujeres continuaran su labor.

Por tres meses de trabajo ella obtuvo 23 mil quetzales (poco más de 38 mil pesos mexicanos, según el tipo de cambio actual), cifra que nunca antes había obtenido en Guatemala por tareas domésticas, ya que como máximo percibió mil 400 quetzales (2 mil 300 pesos mexicanos).

Sin embargo, al regresar de Canadá tuvo que costear una cirugía que le practicaron a su hija y por la que pagó 5 mil quetzales (8 mil 300 pesos mexicanos), ya que ni ella ni su familia cuentan con un seguro médico.

Al preguntarle si pensó en algún momento emigrar a EU de manera irregular, dijo que sí, pero ante las advertencias sobre la violencia sexual que sufriría en la ruta por México optó por trabajar en Canadá.

Jacabo Vargas advirtió que el flujo migratorio es imparable e irreversible, ya que los países centroamericanos viven en un estancamiento social y cultural “muy fuerte”, y la gente del campo carece de oportunidades.

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Carecen de apoyo migrantes embarazadas que llegan a México

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Sandra de los Santos, corresponsal

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Carecen de apoyo migrantes embarazadas que llegan a México
Activistas proponen se les otorgue visa humanitaria

CIMACFoto | Sandra de los Santos

CIMACFoto | Sandra de los Santos

Damaris llegó a la casa del migrante Hogar de la Misericordia, en el municipio de Arriaga, con mucha hambre, los pies hinchados y con cinco meses de embarazo, aunque por lo abultado de su vientre pareciera que en cualquier momento fuera a parir.

Tiene 16 años de edad y es originaria de Honduras. Cruzó la frontera acompañada de su pareja, otro joven que tampoco alcanza la mayoría de edad. Salieron de su país porque allá no tienen trabajo y no ven un futuro prometedor para su hijo.

Los dos jóvenes llegaron al albergue de Arriaga después de tres días de camino. Esperan subirse al tren de carga conocido como “La Bestia” y llegar hasta Veracruz, para después irse a Puebla donde los espera la madre de él. “Mi suegra nos va a ayudar para que lleguemos a Estados Unidos”, dice Damaris.

En sus cinco meses de embarazo ella no ha visitado a un médico. Lo único que trae en mente es llegar a EU. Tiene miedo de que en el camino sean deportados o asaltados y que ella no pueda correr.

En el albergue de Arriaga Damaris conoció a Karla Patricia Vásquez, de 42 años, y también originaria de Honduras. En los dos días que lleva ahí, Karla la ha acompañado y cuidado porque traía, literalmente, reventados los pies.

“Hubiera visto cómo traía los pies esta niña: reventados; si de por sí es duro el camino, imagínese ahora embarazada. Yo me pongo a pensar en mis hijas y que Dios quiera que ellas no tengan necesidad de cruzar así y por eso cuido a esta niña, aunque sea en estos días que estamos acá”, comenta Karla.

La primera vez que llegó Karla a EU tenía 35 años. Regresa cada dos años a Honduras para llevarse a uno de sus hijos. Tiene cinco y está vez vino por el tercero. Sólo se ha llevado a sus tres hijos varones, las dos mujeres se quedaron.

“En el camino uno ve cosas que no quiere que le pasen a sus hijas y mejor que se queden allá”, relata sin entrar en detalles, pero todos los que están en el albergue saben de qué “cosas” habla.

Diego Loreto, director del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, considera que es necesario que el gobierno mexicano otorgue visas humanitarias a las mujeres embarazadas migrantes en tránsito por México.

Ese tipo de visa les permitiría acceder a los servicios de salud en el país y disminuiría la condición de riesgo en la que se encuentran al transitar en Chiapas.

Se han documentado casos de mujeres migrantes que tienen abortos espontáneos en el tren de carga, lo que pone en riesgo su vida.

En las estaciones migratorias es común observar a mujeres embarazadas que están en las mismas condiciones que el resto de personas migrantes aseguradas para su deportación.

La visitaduría de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en Tapachula informó recientemente que en las inspecciones a estaciones migratorias y albergues se han observado mujeres migrantes que viajan embarazadas.

Jornaleras se defienden de las violaciones a sus derechos

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Lizbeth Ortiz Acevedo, enviada


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REPORTAJE
LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Jornaleras se defienden de las violaciones a sus derechos
En campos agrícolas de Sinaloa tejen redes de apoyo

Imagen retomada del sitio healthylifez.com

Imagen retomada del sitio healthylifez.com

En esta entidad las mujeres demuestran que tras vivir un proceso migratorio llegan a mejorar sus condiciones de vida luego de obtener una oportunidad laboral, lo que las impulsa a formar redes para hacer valer los Derechos Humanos (DH) de las comunidades donde se asientan.

Así lo demuestra Amalia Lópes, quien llegó en 1959 a los campos agrícolas de Sinaloa cuando tenía apenas 11 años y ahora preside la agrupación civil Comisión de Derechos Humanos de Villa Juárez, con logros significativos a favor de las jornaleras, quienes son un porcentaje representativo de la mano de obra en el sector rural.

Según datos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las mujeres constituyen entre 40 y 70 por ciento de la mano de la obra agrícola en los países en desarrollo, pero afrontan severas condiciones de desigualdad.

Lópes, quien provenía de Cosalá, municipio a 160 kilómetros de Culiacán, capital del estado, relató que al llegar con su madre a estos campos comenzaron a trabajar como jornaleras y durante 20 años desempeñó esta actividad, pero ahora a través de su organización hace valer los DH de esta comunidad conformada principalmente por inmigrantes.

Según el Instituto Sinaloense de la Mujer (ISM), la población inmigrante proviene de ocho municipios o 490 localidades de la entidad, descritas como “expulsoras” debido a la cantidad de personas que abandonan este lugar para buscar fuentes de empleo, pero además llegan de entidades como Guerrero, Oaxaca y Veracruz, y lo hacen durante todo el año aunque en octubre y abril aumenta la solicitud de mano de obra.

Amalia pertenece al grupo de mujeres identificadas por el ISM como migración interna del estado, por lo que su titular, Elizabeth Ávila, dijo a Cimacnoticias que a su llegada ellas enfrentan hacinamiento y las niñas son víctimas del trabajo infantil, lo cual es “muy difícil de erradicar”, aseveró.

Lópes explicó que debido a las condiciones en las que los dueños de los campos las hacían trabajar, algunas de ellas comenzaron a enfermar de leucemia por el contacto con agroquímicos que estaban prohibidos para seres humanos, lo que derivó en una intoxicación masiva, situación que la llevó a emprender una lucha para erradicar esa situación, lo que finalmente logró.

Amalia recordó que las avionetas fumigadoras pasaban por encima de ellas al momento de estar trabajando la tierra, lo que contribuyó a que la gente enfermera y perdiera la vida.

Y aunque fue víctima de algunas agresiones, ella continuó con su labor que comenzó a ser reconocida no sólo por la comunidad de Villa Juárez, sino también por funcionarios e instancias de gobierno.

Lópes comentó que aunque no pensaba quedarse en Villa Juárez, ella y su familia comenzaron a trabajar como jornaleras y ante la serie de abusos que enfrentaron organizaron una huelga luego de que los empleadores les exigieron que trabajaran más surcos por el mismo salario.

Amalia relató que Villa Juárez creció sin control, ya que pasó de ser un corredor habitacional compuesto por dos ejidos y tres campos agrícolas, a tener 56 colonias conformadas principalmente por indígenas de otros estados.

Esta población acude a la Comisión de Derechos Humanos que ella preside para recibir asesoría a través de intérpretes ante casos de violencia laboral, intrafamiliar o de pareja.

Amalia advirtió que las mujeres de esta zona siguen siendo víctimas de violencia y de falta de oportunidades, pese a que con su trabajo obtienen lo que en sus comunidades de origen no encontraron. Lo que no se ha transformado es que alguna de ellas sea dueña de su propia tierra, criticó.

En octubre pasado el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó que sólo el 5 por ciento de las trabajadoras del campo son dueñas de sus tierras, aunque ellas sean quienes producen más de la mitad de los alimentos en México.

Ejemplo de ello es Margarita, jornalera oaxaqueña de 57 años y quien ya logró construir dos casas: una en Villa Juárez –donde laboró casi toda su vida–, y otra recientemente en Hermosillo, lugar a donde emigró hace no más de dos años para continuar trabajando como jornalera, ya que por su edad ya no se lo permitieron en Sinaloa.

O Francisca, otra mujer jornalera quien a pesar de una historia de violencia, huir de un matrimonio forzado en el que la habían intercambiado por ganado y 3 mil pesos, logró trabajar en los campos de Villa Juárez, decidir sobre su vida y otorgarle a sus cuatro hijos vivienda y alimentación, y a ella preparación académica, al concluir recientemente su secundaria.

Hoy, esta joven jornalera comenta que ya exige sus derechos en caso de presentarse algún tipo de abuso tanto a ella como a alguna de sus compañeras, porque dijo que ya no se puede quedar callada, aprendió a mirar de frente a las personas, independizarse y expresarse libremente.

Mujeres se deslumbran ante el brillo de “la Perla del Pacífico”


STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Lizbeth Ortiz Acevedo, enviada

CIMAC Noticias

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REPORTAJE
LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Mujeres se deslumbran ante el brillo de “la Perla del Pacífico”
Indígenas y originarias de Mazatlán carecen de oportunidades

CIMAC Foto: Yunuhen Rangel Medina

CIMAC Foto: Yunuhen Rangel Medina

Tras emigrar, algunas mujeres encuentran un punto de retorno en este puerto sinaloense, siendo este destino turístico el que se perfila como una fuente de empleo también para las indígenas de otras entidades, quienes buscan una mejor calidad de vida; no obstante a su llegada enfrentan violencia y falta de oportunidades.

Según datos del Instituto Sinaloense de la Mujer (ISM), en esta entidad durante 2011 hubo 110 homicidios contra mujeres, hasta entonces la cifra más alta en este estado, de los cuales 18 fueron cometidos en Mazatlán, y en lo que va de 2013 se registraron 59 asesinatos, de los cuales 27 se perpetraron en Culiacán.

A casi tres horas de la capital de Sinaloa, Mazatlán se ubica frente al océano Pacífico con una docena de playas que tienen una temperatura promedio anual de 26 grados centígrados, lo que atrae a visitantes de todo México y el mundo, quienes buscan conocer su malecón, el cual tiene una longitud de más de 20 kilómetros y en el que se observan mujeres indígenas migrantes que viven de la venta de sus mercancías.

En este punto, Cimacnoticias conversó con una indígena guerrerense mientras vendía sus productos, y quien pidió guardar su identidad. La mujer explicó que los 200 pesos que gana en “un buen día” le han hecho vivir de forma diferente, porque antes –dijo– no tenía esa oportunidad.

De acuerdo con información de la Secretaría de Desarrollo Social de Guerrero, en 2013 más del 60 por ciento de la población de estado padece pobreza alimentaria, por lo que familias completas, sobre todo de las regiones Montaña y Costa Chica, han tenido que emigrar a otras entidades.

La comerciante indígena dijo que aunque por algún tiempo intentó laborar en el puerto de Acapulco, tomó la decisión de emigrar a Mazatlán para reunir a su familia, luego de que su pareja llegara a este lugar para obtener mayores recursos, y fue desde entonces que logró acceder a una vivienda y alimentación, lo que en Guerrero nunca pudo obtener.

Relató que aunque hay días en los que no gana dinero porque nadie compra sus productos, afirmó que el permiso que le otorgó el municipio para vender en este punto del malecón, le aporta la posibilidad de que con base en su trabajo y constancia en los días siguientes se recupere y pueda continuar con su vida cotidiana.

Al cuestionar a Elizabeth Ávila, directora del ISM, sobre la afluencia de mujeres que emigran de otras entidades a este sitio, reconoció que su institución carece de estadísticas, pero dijo que hay un flujo considerable que llega a trabajar en el sector turístico y que vienen principalmente de los estados de Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Veracruz.

En 2010, según datos del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las mujeres representaron el 48 por ciento de los 174 mil hablantes de lengua indígena migrantes nacionales.

Sin embargo, la migración en Mazatlán tiene diversas caras, ya que a pesar de la oferta laboral y educativa que atrae a algunas mujeres de otros lugares, algunas mazatlecas que lograron concluir su preparación profesional deciden emigrar a Estados Unidos en aras de mejores oportunidades.

Ávila señaló que la Universidad Autónoma de Sinaloa es de las pocas ofertas educativas en el país que brinda al alumnado vivienda y alimentación, lo que permite a las y los estudiantes permanecer el tiempo necesario en el estado para concluir sus estudios, aumentando así el interés por trasladarse a este sitio.

POCAS OPCIONES DE DESARROLLO

Lizeth, de 41 años, y Silvia, de 36, son dos mujeres mazatlecas que a pesar de haber concluido una preparación académica profesional en Sinaloa, decidieron emigrar a EU y aunque por algún tiempo se colocaron como empleadas de sector servicios en Los Ángeles, California, regresaron a Mazatlán y ninguna quiere retomar la experiencia.

Lizeth, quien retornó a este puerto conocido como “la Perla del Pacífico”, dijo que aunque fue hace 20 años que emigró, recordó que “ya era muy peligroso” para las mujeres, porque llegan sin el dominio del inglés y “siempre hay alguien al acecho” que busca aprovechar alguna situación para hacerles daño.

Detalló que viven abuso sexual y hay un “shock cultural” por el desamparo que se vive. Todo esto a Lizeth la hizo regresar a México y ahora que se convirtió en terapeuta dijo que volvería a esa zona para apoyar a las mujeres que atraviesan por esta experiencia.

Silvia Vega, con una carrera profesional concluida, comentó que decidió ir a EU para acceder a un empleo bien remunerado y aprender el inglés, por lo que pudo colocarse por dos años en una empresa que se dedicaba al envío de dinero, pero también regresó y no piensa en volver a pasar por esa experiencia.

Con engaños reclutan a mujeres como jornaleras

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Lizbeth Ortiz Acevedo, enviada

CIMAC Noticias

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA

Con engaños reclutan a mujeres como jornaleras
Les prometen trabajo digno y sólo encuentran hacinamiento

Imagen retomada del sitio arietecaborca.com

Imagen retomada del sitio arietecaborca.com

Los ríos, presas, mares y campos con los que cuenta Sinaloa hacen de este estado una región fértil, al cual se le considera como el productor agrícola nacional por excelencia y generador de fuentes de empleo, lo que atrae cada año a miles de mujeres migrantes, quienes buscan una mejor calidad de vida.

No obstante, ellas se instalan sin conocer la situación de violencia, hacinamiento, maltratos y abusos que en este lugar se han denunciado.

Esta entidad, ubicada al noroeste del país y frente al Golfo de California, tiene varias comunidades agrícolas que no detienen sus labores durante casi todo el año, y una de ellas es Villa Juárez, que pertenece al municipio de Navolato, a unos 30 minutos de Culiacán, capital del estado.

Al llegar a este lugar se pueden observar de forma inmediata los campos donde se siembra todo tipo de tomate, chiles, pepinos, ejotes, frijoles, berenjena, calabaza y una variedad de legumbres, hortalizas y granos, que son distribuidos en todo el territorio nacional, incluso la producción ha crecido hasta la importación de estos enseres.

Sin embargo, en un recorrido que realizó Cimacnoticias por la zona se observan los interminables surcos que son trabajados por cientos de mujeres migrantes jornaleras, quienes viven una situación de violencia, hacinamiento, abusos, maltrato y jornadas laborales sin descanso, denuncia Amalia Lópes, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Villa Juárez.

Por separado, la directora del Instituto Sinaloense de la Mujer (ISM), Elizabeth Ávila, informó que personas de ocho municipios o 490 localidades de zonas serranas del estado se trasladan a Guasave o Navolato, para trabajar en estos campos, pero también llegan mujeres provenientes de Guerrero (47 por ciento), Oaxaca (25 por ciento), y Veracruz (16 por ciento).

Explicó que las oaxaqueñas viajan sin acompañantes, y del total de las jornaleras la mitad no sabe leer ni escribir y sólo el 3 por ciento terminó la secundaria. Su edad oscila entre los 8 y 34 años.

Amalia, quien dirige esta asociación promotora de los Derechos Humanos (DH), y ha alzado la voz para evidenciar la situación que vive esta población migrante en estos campos, informó que estas mujeres provenientes de 20 estados del país son llevadas a Villa Juárez por “enganchadores”, quienes van a sus comunidades de origen y en su lengua materna les prometen trabajo bien remunerado, vivienda y transporte, así como un contrato laboral.

Lo del contrato es cierto, pero las condiciones de vida distan mucho de ser lo que les prometieron porque son llevadas a unas “cuarterías”, es decir bodegas en las que son alojadas durante las noches para luego ser trasladadas a las 4 de la mañana a los campos, los cuales están incluso hasta a dos horas de camino.

Tal actividad la realizan los siete días de la semana para percibir un sueldo diario no mayor a 75 pesos.

Estas mujeres que decidieron emigrar a esta zona ante la falta de oportunidades en sus comunidades, llegan en las camionetas de los “enganchadores” y son instaladas junto con hombres, niños y familias completas en estas cuarterías, que tienen entre 24, 36 o hasta 60 divisiones que los albergan en hacinamiento, sin ventilación y con láminas que ocultan lo que sucede al interior.

Las condiciones de vida en estas “cuarterías”, describió la activista, son de un riesgo latente ya que se viven abusos, violencia de todo tipo, maltratos e incluso dijo que ha habido mujeres que han parido en el piso de esos lugares, ya que los dueños impiden el ingreso de las autoridades.

Al recorrer las calles de Ignacio Altamirano y Ricardo Tamayo, en la colonia López Portillo, en Villa Juárez, se observan “cuarterías” consecutivas, en las que sus propietarios tienen acuerdos con los dueños de los campos agrícolas para que les lleven personal, por lo que a cambio del trabajo no les cobran renta pero “son como prisiones”, acusa Amalia Lópes.

La presidenta de la Comisión de DH señaló a un hombre conocido como “El Togo”, quien es uno de los dueños de estos espacios.

La mujer de 65 años, quien trabajó durante 20 en los campos, relató que emigró de Cosalá, un pueblo a 164 kilómetros de Culiacán, para llegar a Villa Juárez cuando tenía 11 años.

Explicó que hay otro esquema de vivienda en el que los campos albergan a las personas mientras trabajan para ellos, y aunque tienen mayor seguridad se vive bajo medidas estrictas de vigilancia.

Esto sucede, precisó, en los campos Victoria, El Chaparral, Santa Teresa, El Serrucho y Nogalitos, de la empresa Melones Internacionales, siendo éste último el único que les permite tener visitas una vez a la semana, pero de manera general no les dan oportunidad de convivencia entre ellas, y en caso de enfermedad las despiden sin ningún amparo legal.

Amalia afirmó que la gran mayoría de la población de Villa Juárez son migrantes, quienes ya suman 70 mil habitantes, según datos del ISM.

Esa población llega hablando hasta 16 lenguas originarias, lo que ha generado dificultades para ejercer su derecho a la salud y a la justicia debido a la falta de intérpretes.

Estas mujeres triquis, zapotecas, tarascas, mayas, huicholas y tlapanecas, entre muchas otras etnias, que trabajan en los campos –que contratan hasta 500 trabajadores por día– “viven mal”, comen en la tierra, en condiciones poco favorables, son acosadas sexualmente, viven violencia sexual y física, y además no cuentan con seguridad social pese al esfuerzo físico del trabajo en el campo.

Ellas presentan enfermedades en la piel, que las atribuyen a la exposición al sol, a la tierra o por el contacto con los agroquímicos, explicó Amalia. También padecen problemas de columna y en sus pulmones debido a los baldes que tienen que cargar en su espalda durante su jornada laboral.

TESTIMONIO

Margarita, mujer jornalera de 46 años y originaria de Oaxaca, relató que llegó a Villa Juárez a los siete años de edad junto con toda su familia, y desde ese momento tuvo que entrar a trabajar en las labores del campo, con la mitad de un sueldo debido a su edad, pero debía cubrir el horario completo.

Esta mujer, quien logró construir una casa en la que actualmente viven sus seis hijos con los integrantes de sus respectivas familias, recordó que cuando llegaron a este lugar vivían en una casa de lámina, y ante la falta de servicios utilizaban agua de un canal para beber y asearse, lo que enfermó y cobró la vida de muchas personas en la comunidad.

Aunque desde niña trabajó en los campos de Villa Juárez y conoce el oficio, hace un tiempo ya no le permitieron continuar debido a su edad, por lo que se vio en la necesidad de dejar a su familia, su casa y emigrar nuevamente para emplearse en los campos de Hermosillo, Sonora, donde encontró mejores condiciones de vida.

Margarita dijo que el trabajo en el campo “es muy duro” porque les piden hacer más de lo pueden, ya que por 150 pesos al día les exigen trabajar 20 surcos de 200 metros en jornadas de más de 12 horas bajo el rayo del sol, lo que les produce mareos constantes.

Amalia Lópes afirmó que se requiere de un trabajo integral multidisciplinario para erradicar estas violaciones a los DH y no sólo talleres de capacitación que imparten a mujeres algunos institutos gubernamentales, que les interesa aumentar las cifras que presentan sobre población atendida y no cambiar esta realidad.

Las migrantes en España resienten más la soledad en Navidad

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Nelson Rodríguez, corresponsal

CIMAC Noticias

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Las migrantes en España resienten más la soledad en Navidad
Pocas mujeres nicaragüenses pueden contactar a sus familias
 
Granada, 24 dic 13 (Cimacnoticias).- Margarita dejó su natal Granada –a una hora al suroriente de Managua, la capital nicaragüense–, hace cuatro años cuando después de estudiar la carrera técnica de Administración Turística y Hotelera no encontró empleo y se le presentó la oportunidad de viajar a España.
 
Margarita, ahora de 29 años y residente en Madrid, dice que está será su cuarta navidad lejos de su familia y a quienes más añora son su mamá y su hermana. Aunque se comunicara con ellas vía Skype, “no es lo mismo, pero al menos las sentiré cerca”, cuenta.
 
España se ha convertido en el cuarto destino de las y los migrantes nicaragüenses, según el “Diagnóstico sobre migración y juventud”, elaborado por la organización civil Nicasmigrantes.
 
La mayoría de migrantes en España son mujeres y muchas de ellas se enfrentan a dificultades como la explotación laboral y la discriminación, explica Margarita.
 
A pesar de estas dificultades, las migrantes nicaragüenses siguen llegando a España, algunas sólo con la primaria aprobada, como Martha, originaria de Quilalí, municipio del departamento de Nueva Segovia, a cinco horas al norte de Managua.
 
Para las que tienen menos estudios y cuentan con escasos recursos económicos las dificultades son mayores, porque incluso tienen problemas para regularizar su condición migratoria, añade la joven.
 
Margarita celebra que esta Navidad el mayor logro ha sido obtener su residencia y esto le permitirá iniciar sus estudios en España el próximo año. Al haber llegado al país europeo con contrato laboral y ahora obtener su residencia piensa que se le facilitará ingresar a un centro educativo. Ella desea estudiar una especialidad de cocina, porque en el futuro aspira regresar a Nicaragua y tener su restaurante.
 
“Lo primero será comprar mi casa para pasar las vacaciones en Nicaragua”, sostiene Margarita y posteriormente instalar su propio negocio en el ramo de la cocina.
 
Al salir de su país la persona migrante siente una pérdida de su cultura, de sus raíces, de su forma de ser; es algo fuerte en esta época de Navidad y Año Nuevo, es una época de melancolía pero también de anhelos, explica la psicóloga Patricia Suárez, de la Universidad Centroamericana (UCA).
 
Las migrantes se sobreponen haciendo llamadas telefónicas, utilizando las tecnologías de la comunicación para sentirse más cerca de sus familias, pero sólo lo hacen las personas migrantes que tienen el acceso y los recursos económicos, detalla la especialista.
 
Aunque las causas de la emigración de las y los nicaragüenses son múltiples, desde los años 80 hasta la actualidad prevalece como principal causa los factores socioeconómicos, según el “Perfil migratorio de Nicaragua 2012”, elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y publicado este año.
 
España surgió como un nuevo destino a mitad de la década de los años 2000 y se intensificó especialmente este flujo migratorio para las mujeres, motivada en buena medida por la demanda de mano de obra femenina en el sector servicios.
 
En España el Padrón Electoral de 2012 registró 17 mil 455 personas cuyo país de nacimiento era Nicaragua, lo que indica un repunte, según el “Perfil migratorio de Nicaragua”, pero en opinión de grupos civiles la cantidad podría ser mayor tomando en cuenta el subregistro.

Por violencia y pobreza, indígenas emigran a campos agrícolas

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Lizbeth Ortiz Acevedo, enviada

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REPORTAJE
LA OTRA RUTA MIGRATORIA
 Por violencia y pobreza, indígenas emigran a campos agrícolas
Huyen de maltratos, pero se topan con la explotación laboral
 
Villa Juárez, Sinaloa, 24 dic 13 (Cimacnoticias).- Mujeres indígenas que huyeron de la violencia que vivían en sus comunidades de origen, llegaron a los campos agrícolas de Villa Juárez en aras de independizarse económicamente y cambiar la situación de maltratos, carencias y falta de oportunidades en la que vivían.
 
La ONU, en su informe “Violencia contra las trabajadoras migratorias”, en este 2013 señaló que la mayoría de las mujeres emigran a consecuencia de la violencia de género, la discriminación y la desigualdad en que viven, como es el caso de las oaxaqueñas que padecen este tipo de situaciones y han llegado a los campos agrícolas de Sinaloa, para instalarse y encontrar un área de oportunidades a la que no tenían acceso.
 
Un caso emblemático de esta situación es Francisca, una mujer jornalera oaxaqueña que labora en los campos agrícolas de la sindicatura de Villa Juárez, en el municipio de Navolato en Sinaloa, quien relató a Cimacnoticias que tras obtener un empleo en el Instituto Sinaloense de la Mujer (ISM) recientemente aprendió y comenzó a ejercer sus derechos laborales, pero además logró independizarse y expresarse libremente, luego de una historia de violaciones a sus Derechos Humanos (DH) a lo largo de su vida.
 
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el aporte migratorio de las mujeres de localidades de menos de 2 mil 500 habitantes es del 65 por ciento, mucho mayor que el que representa la población femenina migrante de poblados mayores.
 
Francisca recuerda que en su comunidad no se les permite levantar la mirada para entablar cualquier tipo de conversación o emitir alguna opinión, por lo que señaló que le fue difícil enfrentarse a una nueva comunidad con este tipo de conductas, pero a raíz de su empoderamiento las ha podido superar y dejar atrás.
 
Sentada frente a su madre, quien la escucha durante su relato y quien fuera la primera en llegar a Sinaloa para trabajar en estos campos, detalla que tras quedar a cargo del cuidado de sus cinco hermanos en Oaxaca, sería su abuela quien justificándose en los usos y costumbres acordó intercambiarla por 3 mil pesos y dos animales, para que contrajera matrimonio con un hombre de su comunidad.
 
Tal situación la evitó al tomar la decisión de emigrar a Sinaloa, a donde llegó a la edad de 17 años, luego de realizar por mucho tiempo labores domésticas y emplearse “moliendo ajeno”, actividad por la que recibía un plato de comida, pero aún así pudo concluir la educación primaria.
 
Elizabeth Ávila, directora del ISM, informó a esta agencia que según datos que recabaron sobre migración, detectaron que a esta entidad llega una alta población de mujeres que no saben leer ni escribir, y que provienen de las zonas serranas de Veracruz y Oaxaca, con una escolaridad que no supera la primaria.
 
Además, la funcionaria indicó que estas mujeres vienen de situaciones de “extrema pobreza”, lo que las hace vulnerables, sin embargo buscan un empleo para mejorar sus condiciones de vida y de su familia, y aunque dijo que la principal razón que las lleva a salir de sus comunidades es la económica, también han detectado que la violencia es otro de los factores de expulsión.
 
Francisca, quien llegó a esta entidad del noroeste del país para huir de un matrimonio forzado, indica que a su llegada tuvo que emplearse en tareas del campo pero le fue muy sencillo, pues no tenía comparación con el tiempo y esfuerzo que destinaba a las labores domésticas y de manutención en Oaxaca, y aunque su abuela fue a buscarla para que cumpliera con la palabra empeñada, ella evitó esa situación escondiéndose por algún tiempo.
 
Sin embargo, la violencia que había vivido durante su infancia se perpetuó años más tarde al aceptar casarse con un hombre que había abusado sexualmente de ella, por la creencia de su etnia de que el matrimonio con el agresor es la única manera para que las mujeres víctimas de este tipo de violencia no queden en el abandono familiar y social.
 
Esto mismo fue reforzado por Elizabeth Ávila, quien señaló que existe una violencia estructural que se basa en los usos y costumbres, y con los que se justifica cualquier tipo de violencia, la cual, dijo, está naturalizada en este tipo de sistemas.
 
Francisca denuncia que las labores para estas mujeres jornaleras se han recrudecido, pues los patrones les están exigiendo casi el doble de productos por día, incluso dijo que las 84 mujeres con las que trabaja y quienes son en su mayoría jefas de familia, presentan dolores de cintura debido a los saltos que tienen que dar para evitar caer en alguna de la zanjas que están entre los surcos, pero las que no lo pueden hacerlo, observó, se llegan a fracturar extremidades.
 
SIN DERECHOS
 
Recientemente la Cepal, en su documento “Mujeres indígenas en América Latina. Dinámicas demográficas y sociales en el marco de los Derechos Humanos”, llamó a los países de la región a poner en práctica políticas basadas en los estándares de DH y en los principios acordados para mitigar la situación de desigualdad que viven estas mujeres.
 
Esta zona del país tiene una temperatura promedio de 25 grados centígrados, pero dentro de los invernaderos aumenta considerablemente, lo que hace que las jornaleras sean propensas a la deshidratación y los empleadores no les brindan agua, por lo que son ellas quienes tienen que organizarse para llevar algunas bebidas que les ayuden a concluir con la jornada que comienza a las 6 y media de la mañana y así obtener 140 pesos al día.
 
Francisca, quien hace algún tiempo empacaba chiles en los campos de Villa Juárez, detalla que lo hacía desde las 7 de la mañana hasta la una de la madrugada todos los días. No obstante ella logró concluir su secundaria a pesar de la doble o triple jornada que tiene que cumplir porque a las tres y media de la mañana se levanta para dejarle a sus hijos tortillas hechas a mano y comida preparada.
 
También detalló que hay campos como el de Nogalitos, en los que no son contratadas si ellas no están afiliadas al Seguro Popular, y en otros les condicionan su acceso al Seguro Social, ya que recientemente ante la enfermedad de uno de sus hijos le negaron el servicio aunque ella supuestamente contaba con esa prestación.
 
Amalia López, presidenta de la Comisión de DH de Villa Juárez, quien ha luchado por defender a estas mujeres, reconoció que ellas cargan con la discriminación, lo cual se acentúa cuando llegan y hablan alguna lengua indígena porque no hay intérpretes en los ministerios públicos.
 
La defensora ha establecido lazos entre los mismos indígenas que  se instalaron en la zona y ya hablan español para apoyar a las que requieren de algún servicio o asesoría en materia legal o de salud.

Mujeres indígenas migrantes reivindican sus derechos en NL

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Daniela Mendoza Luna, corresponsal

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Mujeres indígenas migrantes reivindican sus derechos en NL
Trabajo comunitario de 20 años para abatir exclusión 

A casi 20 de años de que indígenas migrantes fundaron colonias en las afueras de la capital del estado de Nuevo León (NL), organizaciones civiles reivindican su legado étnico y la defensa de sus derechos.

Hasta 1995 la presencia de las y los indígenas migrantes (sobre todo las mujeres) en la zona metropolitana de Monterrey se concentraba en las residencias de San Pedro Garza García, el municipio más rico de América Latina, donde ellas laboraban como empleadas domésticas.

Al buscar otro tipo de labores y sobre todo para conformar una familia, indígenas migrantes conformaron pequeñas comunidades en zonas irregulares. Los márgenes de ríos fueron los espacios predilectos o los únicos disponibles, y en la afluente del cerro de La Silla (símbolo emblemático de la ciudad norteña) varias comunidades se extendieron.

Fue así que Esthela Tolentino Martínez y sus vecinos fundaron lo que tiempo después sería la colonia Arboledas de los Naranjo, en el municipio de Juárez.

Sin un piso firme o un techo, pero con la certeza de que de ese lugar no serían removidos, Esthela convocó tiempo después a las mujeres de la colonia y creó Zihuame Mochilla (Mujeres con esperanza), una asociación al servicio de la comunidad indígena migrante en el estado de NL.

Este 10 de diciembre se cumplió una década de aquella primera reunión, y la labor de la organización se amplió a 21 colonias donde habitan personas originarias de nueve grupos étnicos.

“Recuperé mi identidad, la que perdí a los 11 años cuando me vine a la ciudad a vivir una vida que no era la mía”, dice la mujer de origen náhuatl.

Narra que Zihuame Mochilla comenzó el rescate de expresiones artísticas como el baile y la artesanía, así como a fomentar el sentido de comunidad y las lenguas nativas. Después, pasó a la defensa de derechos, la salud sexual y reproductiva y la equidad de género, y el combate a la violencia intrafamiliar.

“Por primera vez se le habló a las mujeres de sus derechos y se nos enseñó a no avergonzarnos de dónde venimos; a nuestros jóvenes no les gustaba hablar en su idioma y ahora estamos rescatando lo que queríamos dejar olvidado”, relata.

A la labor de Zihuame Mochilla se han sumado otras agrupaciones como Procuración y Justicia Étnica, Fundación Nueva Castilla y UNIR, las cuales además de congregar a la población indígena migrante, establecen vínculos entre estas comunidades y las autoridades tanto municipales como estatales.

La Secretaría de Desarrollo Social de NL ubica siete puntos de reunión de las comunidades migrantes. En Juárez están mixtecos y nahuas, principalmente en las colonias Héctor Caballero y Arboledas de los Naranjos.

En Monterrey, el Sector de la Alianza y San Bernabé se agrupa la población mazahua, y en las colonias Genaro Vázquez y Lomas Modelo se encuentran las y los otomíes.

El trabajo de estas organizaciones derivó en la promulgación de la Ley para proteger los derechos de los indígenas en Nuevo León, en 2011, aunque falta mucho por hacer para que los beneficios de la norma sean palpables para estos pueblos.

Así lo señala Carmen Farías, directora de Zihuame Mochilla, quien sin bien reconoce algunos avances recuerda que está pendiente la armonización de las demás leyes.

“El impacto de esta reforma aún no se ve reflejada, faltan presupuestos etiquetados específicamente para la atención a personas y comunidades indígenas”, advierte. Agregó que también falta la representación indígena migrante en los gobiernos municipales de la entidad.

Olga Sánchez, la “Patrona” de las personas migrantes en Chiapas

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Patricia Chandomí, corresponsal

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Olga Sánchez, la “Patrona” de las personas migrantes en Chiapas
Reconocimientos institucionales aún no se traducen en apoyo

Tuxtla Gutiérrez, 15 dic 13 (Cimacnoticias).- En 1991, su intención era llevar una palabra de aliento a las personas enfermas de Hospitales Públicos de Tapachula y se dio cuenta que entre ellas había unas en mayor vulnerabilidad: las personas migrantes, que no necesitaban aliento, sino ayuda concreta, medicinas, casa, alimento.

Olga Sánchez, presidenta del albergue “Jesús, el Buen Pastor”, se puso a vender ropa usada en septiembre de aquel año y a pedir limosnas en las calles para poder comprar medicamentos, sobre todo a migrantes amputados de piernas y brazos a causa de sus caídas de las vías del tren en Ciudad Hidalgo.

“Me di cuenta de que una vez que les daban de alta, las personas migrantes no tenían a dónde ir, no querían regresar a su casa, lloraban de tristeza e impotencia. Prefiero que mi familia piense que me morí, decían sobre todo los que estaban macheteados, amputados de piernas y brazos. Ni siquiera podían alimentarse, había que darles su comida en la boca”, cuenta doña Olga Sánchez, Premio Nacional de Derechos Humanos 2004.

“El primero que llevé a mi casa era de Guatemala, me acuerdo bien. Después puse 15 colchonetas en mi casa y me lleve a más personas, algunas amputadas, otras enfermas de VIH, mujeres violadas, asaltadas”, cuenta Olga.

Después logró que le prestaran una casa, donde llegó a tener a 75 personas migrantes. Posteriormente, gracias a un reportaje en una revista, un diplomático canadiense conoció su trabajo y gestionó una casa para el albergue.

“Me empezaron a mandar a todo tipo de migrantes con distintas problemáticas, dice, incluso personas que llegan a morir y a quienes les dábamos entierro, el velorio con todos los de la casa, flores, rezos”. En estos 20 años de trabajo voluntario, en el albergue han muerto cerca de ella 11 personas migrantes, 7 hombres con VIH y 6 de tuberculosis, 3 hombres y 3 mujeres. “Me han mandado hasta personas indigentes”, relata.

Sus ayudantes son toda su familia, su esposo, sus tres hijos y una hermana menor. Entre todos venden ropa usada y tienen pequeños comercios de pan y dulces para poder sostener el albergue.

Doña Olga recuerda que en una ocasión “llegó al albergue un grupo de jóvenes centroamericanos, tocaban desesperados porque los venía siguiendo los de la pandilla de la Mara-Salvatrucha. Cuatro o tres migrantes el albergue, todos ellos amputados, les abrieron la puerta. Al entrar se quedaron sorprendidos “¿quiénes son ustedes, que no es aquí un albergue para migrantes”? “Sí –les respondieron–  nos caímos de las vías del tren y así quedamos”. Después de escucharlos, “me lloraban los muchachos para que les diera para su pasaje de regreso a su país, ya nadie quería subirse al tren. No queremos quedar así, me decían”.

Estuvimos tres años en la casa prestada,  “con muchas carencias, a veces sin nada para comer. Miraba a la gente que se arrastraba en el piso porque no teníamos sillas de ruedas, muletas, mucho menos prótesis y era difícil conseguir apoyo, porque la gente no creía que eso estaba sucediendo”.

Las mujeres migrantes

Uno de los casos más tristes que recuerda doña Olga es el de una niña centroamericana de 14 años de edad, abusada sexualmente por 20 hombres y que murió como consecuencia de ello.

“Llegan muchas mujeres violadas que se sienten basura, inseguras. Hablo con ellas, les digo que el cuerpo queda, que esto se deshace y se lo comen los gusanos, que hay que seguir. Las acompaño al hospital, les hacen una prueba de VIH y de embarazo, les piden que esperen tres meses para otra prueba, pero se desesperan, porque no están ganando dinero para mandar a sus familias y muchas se van, agarran camino a la frontera norte, o se enganchan en algún trabajo sexual o como trabajadoras del hogar”, narra doña Olga.

También llegan a tocar la puerta muchas mujeres víctimas de trata.  “Casi no se quedan, se van a un refugio en la Ciudad de México y piden el visado humanitario. Quedan muy lastimadas, desconfiadas y tampoco quieren regresar”, explica la activista.

Contra las mujeres migrantes que trabajan como empleadas se cometen muchos abusos, explica Olga, violaciones que a veces provocan embarazos y muchas veces tienen hijos a quienes no pueden alimentar. 

Un caso así convirtió a Olga en  madre adoptiva en 2007, ya que ante la pobreza extrema de una mujer indígena centroamericana, ella se hizo cargo del bebé, quien no podía ver ni oír y tenía una válvula en el cerebro. Al principio, relata, lo cuidaba en el hospital, pero al verlo tan frágil lo adopté hace seis años.

La mayoría de las mujeres centroamericanas “vienen engañadas, les dicen que tendrán un buen trabajo, y luego las obligan a prostituirse, esa es la triste realidad”.

El retorno de los caídos

Cuando una persona migrante del albergue decide regresar a su país, “la vamos a dejar a Guatemala, El Salvador, Honduras, porque tenemos un chofer, y la entregamos a su familia. Parece que les llevamos un muerto: lloran, se asustan y con razón, porque si  regresa sin piernas y brazos, es algo fuerte.”

Hoy el albergue cuenta con 50 camas y tiene egresos mensuales por alrededor de 32 mil pesos, se mantiene de la venta de pan, ropa usada, pequeños apoyos de voluntarios y por limosnas que sigue pidiendo doña Olga.

En un principio, ella era señalada por las autoridades de ser “tratante” de personas migrantes, pero al paso de los años, ante la evidencia, han reconocido su labor, que le ha valido recibir el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2004 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), así como el reconocimiento del Dalai Lama en San Francisco, California.

Sin embargo, pese a los premios, el reconocimiento a su trabajo no se ve aún reflejado en apoyos para sostener este albergue de la patrona de las personas migrantes en Chiapas.

Madres batallan en la búsqueda de migrantes desaparecidos

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/Cimacnoticias/Por: Begoña Barbera Orozco, corresponsal

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Madres batallan en la búsqueda de migrantes desaparecidos
Lidian con burocracia, impunidad y falta de banco genético
 
San Salvador, 18 nov 13 (Cimacnoticias).- Anita Zelaya y Telma Acevedo llevaban años tratando de encontrar a su hijo y a su esposo, respectivamente, ambos desaparecidos en el trayecto desde El Salvador a Estados Unidos.
 
Acudieron infinidad de ocasiones al Ministerio de Relaciones Exteriores para ver de qué modo el Estado salvadoreño podía ayudarles en esta búsqueda, pero no encontraron soluciones.
 
Por último, las mandaron al Centro de Recursos Centroamericano (Carecen, por sus siglas en inglés) Internacional, una organización civil de origen estadounidense que trabaja con personas migrantes y que tenía sede en El Salvador.
 
Allí lograron que se les tomara en cuenta, e incluso a Anita la llamaron porque habían encontrado el cuerpo de quien podía ser su hijo.
 
Tras enviar varias veces muestras de las huellas dactilares del joven, no pudieron verificarlo, ya que en aquel momento no se realizaban pruebas de ADN que sirvieran para contrastar de manera veraz el parentesco, ni se contaba con recursos para que Anita pudiera ir a certificar si se trataba o no del menor de sus cuatro hijos, desaparecido con 15 años de edad.
 
Personas como Anita y Telma se fueron encontrando y conociendo en Carecen y poco después decidieron formar el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador (Cofamide).
 
Telma Acevedo, secretaria general de la organización, cuenta que aproximadamente un 80 por ciento de quienes la integran son mujeres, fundamentalmente madres de quienes desaparecieron en el camino.
 
“Somos más mujeres porque en aquella época eran los hombres los que se iban. Las mujeres se quedaban cuidando a sus hijas, hijos o a sus nietos. Hoy es más dura la realidad porque se están yendo las mamás”, relató.
 
Mientras Cofamide comenzaba a trabajar en la búsqueda de sus familiares desaparecidos y a dar charlas en las escuelas, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) vino al país centroamericano en 2009 para trabajar sobre exhumaciones de cementerios clandestinos a raíz de la guerra civil (1980-1992).
 
En el trabajo en la frontera de EU con México se descubrió que hay muchos cuerpos que no han sido identificados, e inició un sondeo en Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua para ver cuánta gente había desaparecida. Las cifras resultaron alarmantes.
 
Esto se debe en gran medida, según el coordinador de la Unidad de Migrantes de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) de El Salvador, William Espino, a que no era posible identificar a las personas fallecidas si no contaban con un documento o resultaban identificables por su aspecto y ropas. En las zonas desérticas, extensas en la frontera de México-EU, era más complicado.
 
“El Estado no tiene un mecanismo de identificación. Aquí hay un Instituto de Medicina Legal, pero medianamente se da abasto para la necesidad interna; para los migrantes que están fuera no hay un mecanismo”, explicó Espino.
 
Cofamide, el Ministerio de Relaciones Exteriores, la PDDH y el EAAF firmaron un convenio en 2010 para crear un banco de datos forense, para identificar restos de personas migrantes no localizadas que fallecieron durante el tránsito migratorio, y fueron registradas como desconocidas por los servicios forenses y los cementerios municipales de EU.
 
Reunieron las listas de personas desaparecidas con las que contaban las tres entidades salvadoreñas y trataron de ubicar a las familias demandantes. Localizaron aproximadamente a la mitad de las familias registradas, algo menos de 100, según el coordinador de la Unidad de Migrantes.
 
Desde 2010 hasta la fecha han recurrido a estas pruebas de ADN 218 familias. De ellas, han logrado identificar 29 cadáveres, de los cuales 12 han sido repatriados, según datos de la PDDH.
 
En 95 por ciento de los casos el Estado salvadoreño ha pagado las repatriaciones, lo que hace que el proceso se retrase porque hay que esperar a que se haga la erogación de fondos.
 
Estas cifras muestran que el banco de datos forense atiende a un porcentaje mínimo puesto que, aunque la cifra de personas que marchan de El Salvador hacia el norte no se puede determinar con exactitud ni mucho menos cuántas quedan en el camino, los datos de las organizaciones civiles van de 300 a 800 personas que salen diariamente del país con intención de llegar a EU.
 
Una vez más, son mujeres quienes acuden mayoritariamente a la PDDH para tratar de ubicar a sus familiares desaparecidos. “Más que todo madres. La madre es la que inicia la búsqueda pero a la hora de la toma vienen más. Vienen esposas e hijos, pero las madres normalmente son las que inician la búsqueda”, expuso Espino.
 
De momento, sólo se trabaja con cuerpos encontrados en las morgues y cementerios estadounidenses. Todavía no se ha creado un convenio para trabajar con las autoridades mexicanas en la identificación y repatriación de personas migrantes. El funcionario de la PDDH aseguró que esta situación tiene visos de cambiar en un mediano plazo.
 
En tanto, el Estado salvadoreño planea un propio mecanismo de identificación de ADN de migrantes dentro del Instituto de Medicina Legal.

DF: cárceles y terminales, donde más se agrede a las migrantes

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/Cimacnoticias/por:Lizbeth Ortiz Acevedo

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MIGRACIÓN 
DF: cárceles y terminales, donde más se agrede a las migrantes
Centroamericanas denuncian extorsión y detenciones arbitrarias
 
México, DF, 26 oct 13 (Cimacnoticias).- En la capital del país, mujeres centroamericanas migrantes sufren violaciones a sus garantías humanitarias, discriminación y extorsiones, advirtió la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF).
 
Al presentar su informe “Migrantes: análisis de la situación de los derechos de las personas migrantes de origen extranjero en la Ciudad de México 2007-2012”, la CDHDF detalló que, en su paso por esta capital, 36.3 por ciento de mujeres migrantes sufrieron discriminación, así como extorsiones, detenciones arbitrarias y agresiones en las centrales de autobuses.
 
En el ámbito penitenciario, las mayores violaciones a los Derechos Humanos (DH) de las migrantes centroamericanas ocurren en los penales de Tepepan y Santa Martha Acatitla, donde una de cada cuatro extranjeras en reclusión denunció agresiones. 
 
Según el estudio, 14.2 por ciento de las migrantes en reclusión reportaron la “negativa, restricción u obstaculización” para acceder a la visita familiar o conyugal.
 
Igualmente, estas mujeres acusaron que las autoridades penitenciaras les niegan, restringen y obstaculizan las llamadas telefónicas, con el argumento de que desde las casetas de los reclusorios no se puede llamar al extranjero.
 
Se expuso que de las más de 400 mil personas que ingresan al país, 9 de cada 10 son de origen centroamericano y cerca de 8 mil pueden tener una estancia irregular.
 
De esas personas, sólo en el DF fueron aseguradas mil 265 personas migrantes. El 43 por ciento de quejas recibidas por la CDHDF corresponde a mujeres, de las que el 22 por ciento se debió por casos de extorsión. 
 
En cuanto a niñas y niños migrantes, mil 288 fueron retornados desde la Ciudad de México, de los cuales 7 de cada 10 no venían acompañados en su trayecto por un adulto, situación que puede derivar en trata de personas, delito que afecta sobre todo a mujeres extranjeras con situación migratoria irregular, advirtió la CDHDF.
 
Según un estudio de 2009 de la American Bar Association, en el DF operan 47 bandas dedicadas a la trata de personas con fines de explotación sexual y laboral.
 
De acuerdo con el mismo reporte, refirió la CDHDF, la mayoría de las víctimas de trata con fines de explotación sexual en la Ciudad de México son personas migrantes de otros estados del país, pero también hay una cantidad importante de mujeres argentinas, brasileñas, cubanas, venezolanas, rusas y húngaras.
 
Los delitos que son denunciados por personas migrantes en el DF son robo (76.6 por ciento); fraude (4 por ciento); lesiones (3.4 por ciento); falsificación de documentos (2.3 por ciento); daños en propiedad ajena (1.6 por ciento), y amenazas (1.5 por ciento).

Mujeres se apoyan en remesas para lograr autonomía económica

STAFF:Matrix Noticias/CimacNoticias/CanalMatrix/por: Redacción

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Mujeres se apoyan en remesas para lograr autonomía económica
Se capacitan para el empleo y buscan independencia
 
México, DF, 28 sep 13 (Cimacnoticias).- En Centroamérica, las remesas son más aprovechadas por las mujeres. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en 2012 el envío de dinero a países de la región tuvo un aumento significativo de 6.5 por ciento.
 
En naciones como Nicaragua, El Salvador y Guatemala, los recursos benefician sobre todo a las mujeres que se quedan a cargo de los hogares, reportó el BID.
 
En Nicaragua, 4 de cada 10 personas que reciben estos fondos son mujeres que se dedican a los trabajos del hogar, por lo que lograr la independencia económica es un gran reto para ellas.
 
Tal es el caso de Thelma Hudson, de 38 años de edad y madre de tres hijos. Ella asegura que con los 250 dólares al mes (3 mil 400 pesos mexicanos) que recibe por parte de su pareja que está en Estados Unidos, apenas si le alcanza para la subsistencia de su familia, pero además se siente “presionada y comprometida” porque además de dar cuenta del dinero, se siente dependiente.
 
“Pienso que tengo suerte porque conozco a otras mujeres que incluso ayudaron a su marido a irse del país, y ahora ni un peso les mandan”, expresa Hudson.
 
Para el caso de El Salvador, el BID estima que 58 por ciento de las receptoras de remesas nacionales son mujeres. Pero además de ser quienes reciben el dinero, también –en el caso de las que han emigrado– son las que más envían recursos.
 
Según cifras oficiales, hay más de un millón 200 mil salvadoreñas viviendo fuera de su país, por lo que las remesas que ellas envían son fundamentales para la economía de esta nación centroamericana.
 
Cintia migró a EU hace 10 años y dejó a su hijo Christofer con su abuela en la localidad de Teotepeque, departamento de La Libertad. Cada mes envía a su madre un promedio 200 dólares (2 mil 570 pesos mexicanos), para los estudios, vestuario y alimentos del niño.
 
En Guatemala, la Encuesta sobre Remesas 2010, elaborada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), estima que de los 4 millones y medio de personas que son beneficiarias de las remesas, el 56.6 por ciento son mujeres.
 
Elizabeth Cifuentes Maldonado es una de estas beneficiarias. Afirma que desde que su cuñada le envía “la remesa” las condiciones de su familia han cambiado.
 
La mujer, originaria de San Cristóbal de Cucho, en el departamento de San Marcos, es madre de dos hijas y al mes recibe entre 50 y 200 dólares (entre 600 y 2 mil 500 pesos mexicanos).
 
Con ese ingreso, Elizabeth decidió aprovechar para capacitarse como cultora de belleza y de esta manera ser autosuficiente al obtener recursos propios.
 
“El tiempo de la capacitación fue un poquito difícil”, contó recordando sus jornadas de estudio de lunes a viernes. La cultora de belleza hoy tiene en mente poner un salón de belleza en su casa.

Arrestan a migrantes mexicanas que protestaban en EU

STAFF:Matrix Noticias/Cimacnoticias/CanalMatrix/Por: Redacción

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Arrestan a migrantes mexicanas que protestaban en EU
Exigían reforma para regularizar su situación
 
México, DF, 14 sep 13 (Cimacnoticias).- Poco más de 100 mujeres migrantes –al menos 20 de ellas de origen mexicano y sin documentos de estancia legal– fueron detenidas hoy en Estados Unidos mientras protestaban de manera pacífica frente al Capitolio, en la ciudad de Washington, para exigir una reforma migratoria.
 
Las manifestantes pedían a los congresistas acelerar el trámite de la reforma, y no permitir que sea desplazada por el conflicto en Siria, que ha acaparado la agenda política en EU.
 
El grupo de mujeres formó frente al Congreso estadounidense un cerco con camisetas rojas y colocaron una manta en el centro, para solicitar una urgente reforma migratoria para los 11 millones de inmigrantes en situación irregular, de los cuales, recordaron que tres cuartas partes son mujeres, niñas y niños.
 
El grupo de mujeres fue detenido bajo el argumento de haber cerrado una importante avenida, que de acuerdo con la legislación en EU constituye una violación sujeta a arresto.
 
En las inmediaciones del recinto, las mujeres eran apoyadas por otro grupo de manifestantes que escuchaban sus cánticos y gritaban tomadas de la mano: “¿Qué queremos?”, “Queremos una reforma migratoria”, mientras eran esposadas por los agentes.
 
Las mujeres, jóvenes y adultas, madres, hermanas, hijas y tías, manifestaron estar dispuestas a pasar largas horas de arresto y exponer su situación migratoria al Servicio de Control de Inmigración (ICE, por sus siglas en inglés), aunque eso signifique una posible deportación.

Profesionistas abandonan Nicaragua ante falta de opciones

STAFF:Matrix Noticias/Cimacnoticias/CanalMatrix/Por: Nelson Rodríguez, corresponsal

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Profesionistas abandonan Nicaragua ante falta de opciones
En Europa, mujeres jóvenes se dedican a labores de cuidado
 
Managua, 14 sep 13 (Cimacnoticias).- Karla Guevara es una de las 139 mil profesionales nicaragüenses que en los últimos 40 años ha tenido que dejar el país centroamericano en busca de trabajo y mejores ingresos en el extranjero, según el “Perfil Migratorio”, un documento de la Oficina Internacional para las Migraciones (OIM) elaborado en Nicaragua y publicado recientemente.
 
Karla es originaria del departamento de Granada, a 45 kilómetros al sur de Managua, y desde hace tres años vive en Valencia, España, a donde llegó en busca de mejores oportunidades laborales.
 
La joven concluyó sus estudios de Administración Turística y Hotelera en Nicaragua, pero tuvo dificultad para encontrar trabajo  y cuando logró emplearse el salario era muy bajo, por lo que decidió emigrar para ayudar a su mamá y sus tres hermanos.
 
Cuando Karla tenía 25 años conoció a unas amistades españolas, luego consiguió dinero para concretar el propósito de irse a España y con el apoyo de esas amistades la joven tuvo su primer empleo en Valencia, cuidando a una adulta mayor de 95 años de edad.
 
Ahora Karla tiene 28 años, trabaja cuidando a una niña y está en trámites de su residencia en España, porque piensa ahorrar para comprar un terreno y construir su casa en Nicaragua.
 
De acuerdo con los resultados preliminares de un estudio de la organización civil Nicasmigrantes, tres de cada 10 jóvenes nicaragüenses consultados tiene planeado irse del país una vez que concluyan sus estudios de educación técnica o universitaria.
 
A pesar de que en Nicaragua seis de cada 10 personas son jóvenes, no se está aprovechando el bono demográfico y al no encontrar  empleo una vez que finalizan sus estudios, la tendencia es que emigren, lo que se les facilita si tienen a un familiar en el exterior, dijo Luis Peña, integrante de Nicasmigrantes.
 
El estudio “Diagnóstico situacional de la juventud, migración y desarrollo local”, que está en su primera etapa, es parte de un esfuerzo regional que se ejecuta en alianza con organizaciones de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, a través del proyecto CAMINA.
 
“Nos preocupa que la tendencia de las y los jóvenes sea emigrar”, advirtió Peña y agregó que la migración está asociada a una estrategia de sobrevivencia al no encontrar oportunidades laborales en el país, una vez que concluyen sus estudios técnicos o superiores y hasta de secundaria.

Cambio climático: otro factor de migración

STAFF:Matrix Noticias/Cimacnoticias/CanalMatrix/Por: Citlalli López, corresponsal

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LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Cambio climático: otro factor de migración
Oaxaqueñas pierden cosechas y deben laborar como jornaleras
 
Ejutla de Crespo, Oaxaca, 4 sep 13 (Cimacnoticias).- Las manos de Francisca Pacheco se esmeran en deshojar la estropeada mazorca. La cosecha es de un vecino que poco rescató de su siembra luego de que una inusual granizada registrada en abril pasado acabara con los cultivos de temporal. A Francisca le pagan tres pesos por cada bote lleno de elote.
 
Ella había sembrado una hectárea de sandía. Nada quedó bajo el hielo desplomado a pedazos. Si no logra juntar lo suficiente para la siembra del siguiente temporal, partirá a los campos de cultivo en Sinaloa a trabajar en tierra ajena.
 
El Arrogante, Justo Benítez, es una agencia municipal perteneciente a Ejutla de Crespo, municipio de los Valles Centrales de Oaxaca.
 
La localidad está conformada por 366 habitantes, de los cuales el 85.15 por ciento se dedica a la agricultura y el 90.91 por ciento no percibe salario por su labor. El 51 por ciento de la población está conformada por mujeres, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
 
Francisca es viuda. Tiene 56 años y es madre de un joven de 22 años. Para sembrar una hectárea con sandía invirtió 15 mil pesos los cuales consiguió prestados con familiares y conocidos. “No pudimos rescatar nada, todo quedó destruido”, afirma.
 
Al perderse la cosecha tuvo que emplearse en la limpieza de mazorca. La jornada podría extenderse máximo tres días y ganar no más de 150 pesos. En contraparte sus gastos son rebasados debido al abono mensual que tiene que dar para pagar su deuda.
 
“Tal vez nos vamos a ir a Sinaloa, a otros lados. Si vemos que las otras cosechas se estropean nos tendremos que ir porque de qué modo vamos a pasar aquí para ver el billete”, expresa.
 
De acuerdo con Francisca, la granizada ocurrida el 4 de abril, en la que el tamaño del hielo era similar al de un limón, fue la peor vista en toda la historia de la comunidad.
 
Además de la pérdida de cultivos, hubo daños en las techumbres de las viviendas. La ayuda para reparar los daños nunca llegó.
 
Junto a Francisca, sus sobrinas Manuela y Margarita de 22 y 17 años, respectivamente, realizan la misma labor de limpieza. Ellas son jornaleras. Desde los ocho años de edad periódicamente viajan a Sinaloa a la siembra de diferentes productos.
 
“Sembrar aquí es un volado, estamos sujetos a la voluntad del tiempo; en ocasiones a la sequía, exceso de lluvias o heladas”, explica Francisca.
 
Cada año, decenas de niñas, niños y adolescentes que habitan en las localidades de Ejutla de Crespo dejan su comunidad para trabajar como jornaleros en otras partes del país.
 
Según los datos del Censo de Familias Jornaleras de 1996, el 50.6 por ciento de los jornaleros son mujeres. De acuerdo con la Cédula Familiar de Sinaloa de 1999, el 43.2 por ciento de la población jornalera que se encontraba durante ese año en los campos agrícolas eran menores de 14 años.
 
En 1996, en Oaxaca se levantó un Censo de Jornaleros Agrícolas que se aplicó en 129 comunidades y a 5 mil 462 familias jornaleras. Se recopilaron datos de un total de 30 mil 856 personas.
 
Una de las preguntas principales era el destino de migración. Se encontró que el 63 por ciento de las y los jornaleros migraban al noroeste (Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Sonora, Baja California y Baja California Sur); 28 por ciento a Estados Unidos, y 9 por ciento al centro del país (Morelos, Hidalgo, Veracruz y el DF).
 
Desde los años 60 y antes, la mayoría de los jornaleros eran hombres. A partir de los 70 empieza la migración de mujeres, niñas y niños. Todos los datos confirman para la década de los 90 la gran presencia femenina, que es prácticamente similar a la de los hombres, y de la población infantil que representa una tercera parte de la población migrante.

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