La violencia como motor de transformación: Fernández Noroña

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix HD/Por: Andrea Martinez/Redacción

A continuación reproducimos textualmente la columna escrita por el ex diputado federal del PT y líder de la Asamblea Nacional por la Independencia de México (ÁNIMO), Gerardo Fernández Noroña, publicada en un portal de noticias.

Hace unos días cierto mitomano de carrera me preguntaba sobre el tema de la violencia a propósito de un expediente que seguramente el CISEN armó e hizo público sobre Sandino Bucio. No quise contestar.

Ayer, nuevamente la violencia se presentó durante una extraordinaria movilización que exige la presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos desde hace más de dos meses y la renuncia de Enrique Peña Nieto.

No tengo duda, que detrás de la violencia hay provocadores que están en la nómina del gobierno federal. Tampoco la tengo que hay un grupo de jóvenes que están convencidos de que la violencia contribuye a acelerar el proceso de transformación del país. Y menos dudas tengo de que el gobierno de Miguel Ángel Mancera es un gobierno represor al servicio del desgobierno de Peña Nieto.

La irritación y la reflexión que surge de la violencia desatada ayer nos lleva inmediatamente a buscar aislar esas formas de violencia, que desde mi punto de vista, no contribuyen al movimiento para poner de pie a un país que está de cabeza, que generan represión contra manifestantes no violentos y justifican la represión y generan el miedo a la participación de quienes aún están dominados por sus temores e inseguridades y que, aunque inconformes, no se deciden aún a luchar.

Las medidas obvias para aislar esas formas violentas son que no vaya nadie con el rostro cubierto en las próximas manifestaciones. Pero si te paras a reflexionar, el asunto no es tan simple.

¿Por qué Sandino Bucio y jóvenes como él recurren a la violencia en las manifestaciones? La respuesta parece ser simple y no lo es, me la dio un joven indio en Ixmiquilpan: Me decía: “Qué culpa tengo yo de tener la sangre roja y el corazón a la izquierda?

Los jóvenes que están haciendo uso de la violencia en las manifestaciones en torno a Ayotzinapa son jóvenes terriblemente indignados. Hartos de la impunidad, de la corrupción, de la injusticia, de la desigualdad, de la brutal violencia que desde el gobierno se ejerce sobre el pueblo de México.

Ya escucho, las voces airadas diciendo: “pero ese no es el camino”. ¿Y existe un camino? ¿Hemos dado a esos jóvenes un camino para poder cambiar todo eso que justamente les indigna? La respuesta es no, categóricamente no.

No los estoy justificando, no comparto sus métodos ni su camino pero los entiendo de manera profunda y comparto su indignación.

Se ha montado una campaña de desprestigio contra Sandino Bucio y contra todos los que actúan o piensan como él. Les indigna su figura lanzando petardos. No les indigna tanto las decenas de fosas con restos humanos que a la fecha no se sabe ni de quiénes son ni por qué fueron asesinados y se ignora que detrás de esos cadáveres se esconden terribles crímenes de Estado.

Las mujeres asesinadas, los desaparecidos, los presos políticos, la pobreza, el hambre y la desesperanza, son formas de violencia tan cotidiana, tan brutal, tan inhumana, que pasa desapercibida ante nuestros propios ojos.

Las jornadas de trabajo inhumanas a cambio de salarios miserables, el racismo, el clasismo, los millones pidiendo limosna sin importar que sean niños, jóvenes o ancianos. Los productores ofreciendo sus mercancías como si estuvieran mendigando, como si les hiciera uno un favor al comprarles sus productos.

Los 43 normalistas desaparecidos, los 21 jóvenes asesinados a sangre fría en Tlataya, los niños quemados vivos en la guardería ABC, los jóvenes asesinados en Salvacar, los 31 jóvenes, muy jóvenes estudiantes de secundaria desaparecidos en Cocula, y tantos y tantos más. Esa violencia que mata, que ahoga, que despedaza a los mexicanos y que está arropada de impunidad y de barbarie, esa violencia no horroriza tanto como un joven, a pie firme, dando la cara, aunque medio se emboce, aventando un petardo.

No comparto sus métodos, más aún, creo que están profundamente equivocados en el camino. Pero respeto su indignación, respeto su firmeza, respeto su valentía, respeto su orgullo, respeto que tengan sangre en las venas.

Si la mayoría de los mexicanos tuviéramos una décima parte de su determinación y su coraje para cambiar el país, esos jóvenes tendrían un camino para actuar de manera civilizada, de manera no violenta, de manera diferente. Construyamos ese camino con la desobediencia civil.

“El pueblo tiene derecho a vivir y a ser feliz”.

Gerardo Fernández Noroña a 2 de diciembre de 2014.