Por pagar con “billete falso” sufrió atropellos del aparato judicial

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix HD/CimacNoticias/Por: Anaiz Zamora Márquez

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DERECHOS HUMANOS
Inocente desde el inicio, Esperanza fue violentada por el Estado 
Por pagar con “billete falso” sufrió atropellos del aparato judicial  

Esperanza Reyes Aguillón
Esperanza Reyes Aguillón

El 11 de marzo de 2011, Esperanza Reyes Aguillón –potosina que con escasos recursos y sin un trabajo fijo es jefa de familia– comenzó una batalla contra un sistema de justicia que, como ella dice, “le tapa el ojo al macho”.

Ese día, ella intentó comprar una libreta con un billete de 100 pesos; no se dio cuenta de que era falso y no recordaba en cuál de sus trabajos le habían pagado con él. Por esa cantidad fue aprehendida, sentenciada y llevada a tres penales, uno de ellos el de las Islas Marías.
 
Aun cuando las pruebas en su contra se perdieron, a Esperanza se le negó la posibilidad de defenderse y se le encontró culpable del delito federal de “uso de moneda falsa”. Casi tres años después, el pasado 29 de enero obtuvo el beneficio de libertad anticipada. Ya en su casa, ella relata a Cimacnoticias las injusticias de las que fue víctima.
 
HISTORIA DE POBREZA
 
Desde que nació su segundo hijo, ahora con ocho años de edad, Esperanza se convirtió en jefa de familia. Como “no pudo terminar de estudiar la secundaria”, se empleaba en lo que podía y casi siempre de manera eventual.
 
Meses antes “a su accidente” –como ella llama al incidente del pago con el billete falso–, Esperanza se quedó sin trabajo, ya que la empresa automotriz donde laboraba recortó personal. Así terminó alternando empleos: era trabajadora del hogar y ayudaba en un restaurante.
 
“Esa mañana mi hija me dijo que le habían pedido un cuaderno profesional, yo le prometí que se lo compraría de camino a la escuela, cuando volviera por ella. Me salí un poco antes de la casa para pasar a la papelería y agarre el billete, era lo único que traía conmigo”, cuenta.
 
Antes de llegar por su hija, Esperanza pidió la libreta a “la señora que atendía la papelería” (que en realidad era la dueña del local).
 
“Recibió mi billete y me dijo que la esperara un momento porque no tenía cambio y se salió del local, en su lugar se quedó su esposo; ahora sé que se quedó para vigilarme”.
 
Esperanza no vio a la mujer marcar el billete o exponerlo a la luz, tampoco vio el papel moneda durante todo el proceso legal en su contra.  
 
Esperó por más de cinco minutos por su cambio; al notar que ya era tarde decidió asomarse a la calle para ver si venía la mujer. “Me asomé y no vi a nadie en la calle así que le pregunté a su esposo; como ya era tarde le ofrecí que me devolviera el billete y yo le daba el cuaderno pero no quiso, me dijo que me esperara unos minutos más”.  
 
Después de 15 minutos de haber pedido el cuaderno, Esperanza se vio rodeada de patrullas. “Cuando vi a los policías me espanté y quise salir de ahí, pero el esposo de la dueña me tomó por la espalda y me dijo: ‘No te puedes ir, me quisiste pagar con un billete falso y eso es un delito’.
 
“Cuando por fin logré entender algo de lo que estaba pasando, le supliqué a la dueña que no me hiciera eso, que pensara que tenía dos hijos, pero ella sólo me contestó que eso lo hubiera pensando antes de ser una delincuente”.  
 
Esperanza fue detenida por dos policías, quienes no le dijeron de qué se le acusaba, la trasladaron al Ministerio Público donde tampoco se le explicó el proceso. Pasaron dos horas para que pudiera llamar a su hermana por teléfono.
 
Tras cuatro días de detención fue llevada a los juzgados de la capital potosina, donde finalmente se le informó que estaba acusada del delito de “uso de moneda falsa”. Tuvo que pagar una fianza de dos mil pesos para quedar en libertad, pero cada 15 días debía firmar su libertad condicional mientras el juicio seguía su curso.
 
En un proceso irregular, Esperanza nunca fue llamada a un careo con quienes la acusaron, no presentó pruebas o testigos a su favor pues nunca se los pidieron, tampoco sabe quién acudió a ratificar la denuncia o si el billete formaba parte de la averiguación; nadie le informó cómo se llevaba a cabo su juicio y sólo supo que el proceso había llegado a su fin cuando le dijeron que había sido sentenciada a cinco años de prisión.
 
Respecto al supuesto billete falso, la defensa legal explicó en su momento que no se realizaron los peritajes correspondientes para verificar la autenticidad o alguna investigación judicial para saber si Esperanza tenía más billetes falsificados. Tampoco se comprobó que ella supiera que el papel moneda no fuera auténtico.  
 
LA “JUSTICIA” EN SU CONTRA
 
“Uno de esos días que fui a firmar, el licenciado que supuestamente me defendía me dijo que ya no había nada que hacer, que ya me habían encontrado culpable y en unos días me notificarían que tenía una sentencia de cinco años de prisión”, prosigue Esperanza con su historia.
 
Su abogado de oficio le sugirió que huyera de San Luis Potosí y volviera en cinco años, “cuando el caso ya estuviera archivado”. “No me fui porque yo no soy una delincuente, jamás pensé que iría a parar a la cárcel por un billete de 100 pesos”, aclara.
 
La mañana del 8 de mayo de 2012 mientras se dirigía a la escuela de sus hijos; dos policías la apresaron nuevamente y la llevaron directamente al Centro Penitenciario de La Pila en San Luis Potosí.
 
Asustada y sin entender como había llegado hasta ahí, llamó a su hermana por teléfono para decirle que nuevamente estaba detenida y esta vez sin posibilidad de fianza.
 
Esperanza se resignó y empezó a adaptarse a la vida de las internas. Pero el 25 de noviembre de 2012 le pidieron que recogiera todas sus cosas y se presentara con las custodias.
 
Al llamado le siguieron gritos, golpes y empujones de las policías. Sin explicarle por qué la sacaron del Centro Penitenciario, la subieron a un avión y la trasladaron al penal Del Rincón en Tepic, Nayarit, pues su delito era federal, al igual que el narcotráfico, la trata de personas o el secuestro.  
 
“Compartí mi celda con mujeres de verdad peligrosas, que hasta me daban miedo; yo no entendía por qué estaba ahí, no soy delincuente, nunca he matado a nadie, ni tengo la intención de hacerlo. Decidí no meterme en problemas y no responder a ninguna agresión, me limitaba a hacer lo que se me pedía y no dejaba que nadie se metiera conmigo”.
 
La mujer pasó tres meses sin saber si era de noche o de día, pues en el reclusorio no hay ventanas. El 6 de febrero de 2013 el número de expediente de Esperanza fue nuevamente pronunciado en voz alta. Sería nuevamente trasladada
 
“Días antes me habían sacado fotos y tomado las huellas digitales, cuando pregunté para qué me dijeron que era algo que le faltaba a mi expediente”.
 
“Vamos llegando a Islas Marías, aquí no se hacen preguntas y sólo se responde si señor o no señor”, fue la frase por la que Esperanza se enteró de a dónde había sido trasladada. Fue llevada en avión con los ojos vendados durante todo el trayecto e incluso al llegar a la isla. 
 
“A mi familia le dijeron que era un traslado voluntario, que yo lo había pedido y que ahí estaría mejor, pero eso es mentira. ¿Cómo iba a pedir que me lleven lejos de mi familia? A mí me hubieran dejado en San Luis, al menos ahí me iban a visitar”.
 
“SISTEMA JODIDO”
 
En el penal conoció a mujeres que estaban en condiciones similares a la de ella; muchas purgaban penas por delitos menores, algunas no hablaban español.
 
“En Islas Marías hay muchas como yo, muchas que no son delincuentes; este sistema está jodido y sólo sirve para taparle el ojo al macho, para decir que hacen algo pero los verdaderos delincuentes están en las calles.
 
“Yo la pasé mal por una incompetencia de la justicia, me trataron como si fuera una criminal. Durante los traslados me lastimé la columna y aunque siempre les pedí que me dieran una pastilla o me revisara un doctor, eso nunca pasó y tendré que vivir con el dolor toda mi vida.
 
“En Islas Marías las limitaciones eran mayores; hasta nos prohibieron agarrar a los animales que habitan ahí, nos advirtieron que tocarlos constituía otro delito; a las celdas se metían víboras o alacranes, pero por el miedo de que nos aumentaran las penas ni los espantábamos”.
 
El pasado 19 de enero Esperanza fue nuevamente trasladada al Centro Penitenciario de La Pila. La Barra Mexicana Colegio de Abogados y el abogado José Mario de la Garza Marroquín habían pedido ya el indulto presidencial para la mujer.
 
La solicitud fue presentada por la fundación Renace (dedicada a revisar casos de personas que permanecen en prisión injustamente) y la Barra Mexicana de Abogados, pues la sentencia ya había sido ratificada en todas las instancias correspondientes y al ser delito federal ése era el último recurso disponible.
 
Sin aceptar las violaciones al debido proceso cometidas durante el juicio o las violaciones a los Derechos Humanos en perjuicio de Esperanza, el pasado 29 de enero la Comisión Dictaminadora del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, de la Comisión Nacional de Seguridad de la Secretaría de Gobernación, aprobó el beneficio de libertad anticipada para la potosina.
 
Desde esa tarde, Esperanza volvió con sus hijos, de ahora 10 y ocho años de edad, quienes permanecieron al cuidado de su tía durante todo este tiempo.
 
Ahora ella está en busca de trabajo y planea poner una estética. Confía a Cimacnoticias: “Quiero contar mi historia para no quedarme callada ante las injusticias, pienso que puede ayudarle a algunas compañeras para que sepan que siempre hay que preguntar lo qué está pasando, alzar la voz y no dejar que este sistema incompetente continúe cometiendo más injusticias”.