España: disturbios vuelven por tercer día a Burgos‏

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/por:Redacción/Con informacion: Hispantv

Hispantv
Con informacion: Hispantv

En España, el barrio de Gamonal en la ciudad norteña de Burgos ha sido nuevamente escenario del tercer día consecutivo de protestas debido a la construcción de un bulevar, ordenada por el Ayuntamiento de la ciudad.

Miles de personas han realizado la noche de este domingo una marcha, dirigida a la comisaría de Policía de Burgos, para exigir el fin de la construcción del nuevo bulevar y la puesta en libertad de 40 personas que están detenidas desde los altercados del viernes pasado.

A diferencia de las concentraciones anteriores, esta vez los agentes de policía se colocaron delante de los manifestantes con el equipamiento de carga dispuesto.

Durante la marcha, los manifestantes han gritado consignas como “Gamonal no quiere bulevar”, “Libertad a los detenidos”, o “El pueblo unido jamás será vencido”.

Los incidentes se han producido después de que la manifestación que discurrió de forma pacífica, regresara al barrio, donde varios centenares de personas han tirado las vallas y accedido al lugar de las obras contra las que protestan los vecinos.

Luego, han comenzado los daños en mobiliario urbano y en escaparates, la quema de contenedores y las pintadas en fachadas y portales, al igual que ocurriera en las dos noches anteriores.

Los disturbios durante el fin de semana en el barrio de Gamonal se deben al proyecto del Ayuntamiento de Burgos que busca convertir una parte de la calle Vitoria en un bulevar; medida que limita el carril de los coches y que supondrá un presupuesto de 8 millones de euros.

India: La ‘tribu de Avatar’ gana al gigante de la minería y conservará sus tierras sagradas‏

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/por:Redacción/Con informacion de RT Actualidad

Foto Cortesia RT Actualidad
Foto Cortesia RT Actualidad

El Ministerio de Medio Ambiente de la India rechazó un proyecto del titán británico de la minería para extraer bauxita en las tierras sagradas del pueblo, conocido como la ‘tribu de Avatar’, después de que aldeanos en un referéndum votaran en contra.

Una tribu de la India, tachada de llevar la “vida real de Avatar” después del éxito de taquilla de la película de Hollywood, ha ganado su lucha para detener las intenciones del gigante británico Vedanta –compañía de minería con sede en Londres– de explotar los recursos de bauxita en las colinas que considera sagradas, informa la agencia AFP.

La decisión final fue tomada el 8 de enero por el recientemente nombrado ministro de Medio Ambiente, M. Veerappa Moily, que se enfrentó a las críticas de los defensores del proyecto, los cuales abogaban por la creación de puestos de trabajo en una región empobrecida y llevar a los pueblos tribales en la corriente económica. Sin embargo, el centro de los derechos de los pueblos indígenas con sede en Londres, Survival International, afirmó que la mina “habría destruido los bosques y alterado los ríos en las colinas de Niyamgiri, que son fundamentales para la subsistencia e identidad de la tribu”.

El pueblo tribal, dongria kondh, se opuso ferozmente durante casi una década a los intentos de minar las colinas de Niyamgiri, que les proporcionan sus cosechas y medios de vida. Además, los dongria kondh creen que estas tierras son el hogar de su deidad, Niyam Raja. La destacada resistencia de la tribu contra el gigante de la minería encontró un amplio apoyo internacional, que aumentó después de los paralelismos encontrados entre su causa y la de la película de ciencia ficción ‘Avatar’.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación dictaminó en abril pasado que los residentes locales debieran votar sobre el plan de Vedanta de extraer bauxita de las colinas, marcando el primer referéndum ambiental ordenado por esta autoridad. El proyecto de la empresa fue rechazado por unanimidad por los 12 consejos de los pueblos de la zona.

COLUMNA INVITADA: ESCUELITA ZAPATISTA: APRENDER AUTONOMÍA ESTANDO EN ELLA

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/por: Francesca Gargallo

ESCUELITA ZAPATISTA: APRENDER AUTONOMÍA ESTANDO EN ELLA

“Compañeeera”, la dulce dicción del tzeltal, que arrastra ligeramente las e, suena puntual a las 5 de la mañana. Mi guardiana, Elisa, con el bebé ya fajado en el reboso, me despierta. Primera lección zapatista: la puntualidad no es una obsesión capitalista tendiente al control. Más bien no es sólo eso, en comunidad es también una buena costumbre que ayuda a la organización para hacer cosas en común. 

Y a las 5 hay que levantarse para la cocina. Mi anfitriona a esa hora ya ha retirado el nixtamal, ha ido por agua y su marido por leña. El nixtamal debe ser molido dos veces y las tortillas preparadas, mientras hierve el agua del café que ayer terminó de secarse y en la noche fue tostado y molido. Mi anfitriona –no me atrevo a decirle “mi mamá” como hacen mis compañeros más jóvenes con las mujeres que las hospedan en sus casas, porque Irma tiene tres años menos que yo- me sienta alrededor de una mesa pegada al fogón. En el Caracol de Morelia, estoy hospedada en una comunidad cuyo nombre es un compuesto de nombres de respeto de lo más creativo, Moisés Gandhi. Por las mañanas hace mucho frío y el fuego es un imán que atrae las pláticas y consolida la unión familiar. Entonces inicia mi segundo aprendizaje: la belleza es cotidiana, se despliega desde un acto y es efímera.  Irma me extiende un círculo de plástico, me enseña a ponerle una bolita de masa en el centro y a dibujar una margarita perfecta, ese ojo de día cuyo disco central está en relieve y los pétalos parecen rayos. O es un sol. De todas formas, el dibujo de sus dedos en la masa es perfecto, bellísimo y dura el tiempo de ser preparado y luego ser aplastado por el palmo de la mano que extiende la tortilla. Una, dos, treinta veces, todas las mañana, la tortilla es el más puro de los mandalas. Y convierte el sol en una luna llena.

Nuestras familias y nuestras guardianas son nuestras maestras de autonomía en este cuarto ciclo del primer grado de la Escuelita Zapatista al que fui invitada. A los alumnos hombres también les han tocado guardianes. En la organización zapatista el estricto respeto del 50% de participación de compañeros y compañeras se extiende a todas las funciones políticas, incluidas la educación y la salud, para incidir desde el ámbito público en la transformación de los roles de género que parecen intocados en la vida familiar.

Como lo presentí en los inicios de mi vida feminista hace cuatro décadas, hay un nexo entre autonomía y no dependencia económica. Las comunidades zapatistas saben que la construcción de un mundo no capitalista pasa por la producción de sus medios de sustento. No depender económicamente de nadie menos de sí mismos, personal y colectivamente, es un prerrequisito de la libertad de pensamiento, acción y organización. El vínculo entre autonomía y sustento es obvio y su eje portante es el autoabastecimiento. Recibir donaciones, aceptar financiamientos, asumir proyectos externos es un riesgo que no vale la pena correr, porque implica dependencia.

En las comunidades zapatistas el lema “Todo para todos, nada para nosotros” es tan profundamente incorporado a las prácticas vivenciales que ni siquiera podremos dejarle un regalo a nuestras familias, todo lo que entra a una comunidad se comparte y el afecto se construye sin vínculos de dependencia. Así a todo trabajo colectivo para la comercialización  de café, ganado, maíz, pollos o frutas corresponde un precio justo cuyo ingreso va a arcas comunes para la construcción de escuelas autónomas, sin correspondencia ni incorporación a los programas de la Secretaría de Educación Pública, de centros de salud locales y aún del Banco Popular Autónomo Zapatista y del Banco Autónomo de Mujeres Zapatistas, insólitos bancos anticapitalistas que sirven para  garantizarse los préstamos para las emergencias, paliando la precariedad de la autosubsistencia.

Las escuelitas zapatistas subrayan la relación entre diversidad en la educación y propuestas políticas de no alineación –y no enajenación- con la globalización hegemónica.  Participé en la cuarta etapa de las escuelitas, después de que algunas estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México me comentaron su experiencia y aprendizajes. Sus palabras fueron estímulos que hoy agradezco desde lo más profundo del corazón. Organizadas para la convivencia entre “alumnas y alumnos” (las y los zapatistas nunca olvidan mencionar a las mujeres y los hombres, saben muy bien cuál es el precio de la exclusión de la mitad de la población de la visibilidad y la toma de decisiones), las escuelitas han dispersado en cuatro ocasiones a personas de México y de diversas partes del mundo en cinco Caracoles, algo así como regiones con municipios autónomos y comunidades autorganizadas en tres niveles políticos (local, municipal y de Junta de Buen Gobierno) que se despliegan desde un centro al que vuelven concéntricamente, creciendo alrededor de un eje, lenta y constantemente: Oventic,  Morelia, La Realidad , Roberto Barrios y La Garrucha. En los Caracoles conviven  pueblos tzeltales, tzotziles y tojolabales y hay todo tipo de clima y de producción, desde el frío que cobija al maíz y los camotes hasta las cálidas áreas del café y los mangos.

El primer grado de la escuelita zapatista se estableció a los diez años de la organización de los Caracoles y sus Juntas de Buen Gobierno, eso es a los veinte años de la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y a más de treinta de su conformación en la clandestinidad. La escuelita, a pesar de que su “rectores” sean el sub-comandante insurgente Marcos y el subcomandante David, es fruto de la organización civil y no militar de las y los zapatistas.  Mujeres y hombres de base, muchas y muchos de ellos nacidos durante los treinta años de formación y presencia del neo-zapatismo en Chiapas, se han preparado para referirnos sus conocimientos prácticos acerca de los temas principales de la organización civil del zapatismo: el gobierno autónomo, la participación de las mujeres en el gobierno autónomo y la resistencia. Y sus enseñanzas son sinceras, hasta dolorosamente: nunca se ahorran una crítica a sus propios errores, así como son capaces de hacer balances de sus aciertos, sus problemas y de la búsqueda dialogada de sus soluciones. Sin lugar a dudas hay zapatistas que han defeccionado a lo largo de veinte años, hasta hay menos tierras colectivas que las recuperadas de fincas y municipios después del levantamiento armado de enero de 1994. Sin embargo, quienes han permanecido en el zapatismo saben hoy cuál es el valor de la construcción colectiva de una alternativa a la violencia social y sexual, del control policiaco de las acciones ciudadanas, de la censura a la libertad de pensamiento, de  lo que hace falta en el camino para la justicia. La autonomía civil zapatista incluye sistema de salud, proyectos productivos, medios de comunicación, educación y formas justas de comercialización de los productos. Se construye desde formas de gobierno locales que basan sus decisiones –desde las más simples a las más complejas- en la consulta y decisión colectiva de los pueblos.

La vida religiosa es libre. En un espacio, llamémosle iglesia, se reúnen católicas/os y miembros de diversas congregaciones neoevangélicas y aún los testigos de Jeová. Se turnan, leen la Biblia, se respetan. En cada oficio hay mujeres. Desde que no se bebe en los territorios zapatistas, hay menos conversiones a las formas neoevangélicas de cristianismo que en otras zonas mayas. La propaganda religiosa no está permitida, a la vez que todos los cultos son respetados.

En la comunidad de Moisés Gandhi, en el Municipio Autónomo de Lucio Cabañas, Caracol de Morelia, llegué con maestras, estudiantes y trabajadores mestizos mexicanos, así como con una mujer Quich’é que había entregado su bastón de mando de autoridad de los 48 cantones de Totonicapán el día anterior a su viaje para Chiapas y con un joven Plains Cree, de 27 años y con un doctorado en Estudios sobre Pueblos Indígenas obtenido en Canadá. Del 2 al 8 de enero, maestras y maestros zapatistas, haciendo pan o mostrándonos la organización de su vida colectiva, desde la ganadería en tierras comunales, hasta la pisca de café, el funcionamiento de las escuelas secundarias, los turnos en la atención de salud, nos han explicado en los tiempos lentos de la vida diurna el trabajo de autonomía que el EZLN ha realizado en sus comunidades desde hace dos décadas. No se bebe alcohol en los territorios autónomos y la drogadicción está prohibida. No obstante, nadie vive estos límites como restricciones, sino como prácticas para evitar la violencia, en particular la violencia doméstica que no es considerada un problema privado sino de la colectividad. En cuanto a la sexualidad, en teoría no hay discriminación, en la práctica sólo nos encontramos con familias heterosexuales, organizadas en función de roles de género tradicionales.

Cuatro libros, llamados Cuadernos de Texto de primer grado del curso de “La libertad según l@s zapatistas”, fueron nuestra lectura indispensable, a realizar durante los días de aprendizaje: Gobierno Autónomo I y II, Participación de las Mujeres en el Gobierno Autónomo  y Resistencia Autónoma. En ellos aprendimos qué es el mal gobierno, qué son las autoridades que se autonombran para enfrentar las necesidades que toda comunidad tiene, qué es la resistencia, qué es la voluntad política de una práctica de superación de la marginación de y por género. Nuestras guardianas, así como las maestras y maestros que respondieron a nuestras preguntas el último día de clases, en las salas de reunión de nuestros Caracoles, contestaron de manera coordinada a todas las preguntas que quisimos hacer sobre los temas tratados por los libros y la escuela. A las preguntas que no se centraban en los temas de la escuelita, disculpándose mucho, las desecharon.

Así me retuve de hacer preguntas sobre la superación de los roles de género en la vida cotidiana de las mujeres. Debido a la decisión política de las Juntas de Buen Gobierno, los cambios en la participación política de las mujeres tzeltales, tzotziles y tojolabales son evidentes, pero no así los cambios en las obligaciones laborales y afectivas ligadas a los roles de género en el ámbito de la economía y las querencias domésticas. Aún hoy las mujeres son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse en cada casa de sus comunidades, debido a su responsabilidad con la alimentación del grupo y la cantidad de tareas no socialmente reconocidas que realizan. En mi Caracol (aunque por lo visto no es así en La Garrucha) no hay mujeres vaqueras porque eso implica demasiado esfuerzo físico. Las tareas que implican convivencia nunca son mixtas, sino siempre separadas (aunque equivalentes) entre grupos de mujeres y grupos de hombres (por ejemplo, en la atención de las clínicas los turnos son de 15 días por dos hombres y 15 días por dos mujeres, sucesivamente), cual si la enseñanza de la heterosexualidad y sus normas implicara una total falta de dudas acerca de la “natural” atracción entre mujeres y hombres.

Paralelamente, el gobierno autónomo sólo asume que las mujeres trabajan cuando tienen una actividad económicamente equivalente a la de los hombres en los trabajos colectivos, cual la cría de pollos que corresponde a las faenas masculinas en la ganadería. El trabajo propiamente femenino de subsistencia colectiva, que tiene que ver con la afectividad, el cuidado y la presencia, aún entre l@s zapatistas no está totalmente entendido en su importancia. Por supuesto, y de ello como feminista estoy convencida, eso tiene que ver con la diferencia que hay entre participar de una comunidad y construir la propia autonomía de mujer al interior de un colectivo mixto de mujeres y hombres.

COLUMNA INVITADA: El Hembrismo: Una Expresión del Antiguo “Divide y Vencerás”

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/por: Vanessa Rivera de la Fuente

Ains! que todavía tengamos que dañarnos unas a otras con etiquetas inventadas por el Patriarcado. Como si no nos bastara con las canónicas de : Santa, Madre, Virgen, Bruja, Loca y Puta.

Ahora chic@s, se lleva emitir el epíteto “Hembrista”. Ya me había referido a esto en un post anterior . No obstante, me sigo encontrando con compañeras que lo usan contra sus pares, por lo tanto, vale la pena volver a decir que:

Las mujeres no hemos creado ningún sistema “Hembrista” de dominación hegemónico que diga que los hombres son inferiores y deben ser sometidos a nuestra autoridad. Nuestra violencia no está normalizada en la sociedad ni se valora como un rasgo deseable.

No controlamos la educación, las finanzas, la banca ni los medios de comunicación globales como para imponer este sistema y controlar a la población, asegurándonos de esta forma la reproducción de este sistema y la opresión histórica de un grupo.

Lo curioso es que se llama, tan fácilmente, “Hembrista” a otra mujer que exhibe rasgos de violencia, dominación y supremacía, propios del sistema que la educó como “otra subalterna”.

La única definición que existe del Hembrismo es que es lo opuesto al Machismo.

Analicemos: En primer lugar ¿No es esto extraño? Para ser un movimiento tan poderoso que subyuga o pretende subyugar a los hombres y los violenta en la casa, el campo y los juzgados, su desarrollo teórico es muy básico y, oh casualidad, se define por ser reflejo opuesto del machismo, así como lo femenino ha sido definido, desde siempre, como el reflejo opuesto de lo masculino

El Hembrismo es entonces:

“Un conjunto de actitudes y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas como heterosexualmente femeninas y también, discriminatorias contra los varones”.

A ver: ¿Qué sistema, ideología, teoría defiende el mantenimiento de conductas hetero-sexualmente femeninas? ¿Qué sistema está en la posición privilegiada de definir que es femenino o no, que es masculino o no y, por ende, que es Hembrista o no?

Pero claro: ¿Para qué analizar este concepto de “Hembrismo” inventado por el #Patriarcado,  que nos ha educado históricamente a las mujeres, para desconfiar de nuestro propio poder y descalificar el poder y la autonomía de las otras mujeres para confrontarnos por la aprobación del macho de la manada? (Ver National Geographic)

¿Para que hacer este esfuerzo de análisis? Basta con decir que “Las otras son más malas”. No vaya a ser que nos etiqueten de “Hembristas”y  perdamos una salida al cine o un solitario de diamantes. Destaco la palabra “Otras”, porque es este tipo de elaboraciones lo que nos mantiene en la situación de alteridad que nos impide construir un “Nosotras”.

El “Hembrismo”  es otro palo del antiguo divide y vencerás.

Mientras algunas elijan estereotipar a sus pares para quedar bien con el “opresor de turno” (ojo que no me refiero a personas, si no a agentes de subalterización), en vez de sentarse a reflexionar sobre el por qué del surgimiento de algunos conceptos e imaginarios y la violencia que generan, avanzaremos siempre muy lento, muy lento.

Las mujeres que son violentas o no tienen Sororidad con sus pares o compiten por el poder sin escrúpulos, probablemente tienen una lógica patriarcal en su manera de ver el mundo pero no son Hembristas. Puede que sean reproductoras del machismo, tanto como aquellas que las acusan de ser Hembristas. Por lo tanto, lo cuestionable en este caso es el Patriarcado y sus modelos de naturalización de las relaciones humanas desiguales, pero no el Feminismo.

El Hembrismo es invento machista para que las mujeres rechacemos la emancipación de otras, cuando ellas no complacen al Patriarcado. Nos hace creer que existen feministas buenas y malas, de acuerdo al grado de aprobación que el sistema concede.

“Yo soy Feminista, pero no soy como esas Hembristas”. “Yo soy Feminista y Femenina”, son los mantras de quien aún tiene miedo de desprenderse de las categorías y roles en los cuales el sistema la ha puesto.

Usar el término “Hembrismo” para descalificar los procesos de liberación de otras mujeres, es ejercer violencia simbólica con un estereotipo que demoniza el empoderamiento de las pares como una conducta agresiva extrema.

Llamar Hembrista a otras mujeres es asumir que y estar de acuerdo con que el Patriarcado tiene aún el privilegio y derecho de definir y decirnos que feminismos aceptar, que procesos de emancipación son más legítimos o no, que mujeres son buenas y cuales malas dentro de los movimientos o no.

Lo peor, implica admitir que es correcto excluir mediante etiquetas y estereotipos a aquellas mujeres cuyo tránsito hacia su propia liberación parece, a los ojos del Patriarcado, más amenazante que el de las otras.

El desprecio a la expresión de ciertas subjetividades contenido en este concepto, sugiere que debemos ser feministas “Civilizadas” para diferenciarnos de “Las Otras” agresivas y salvajes. El Hembrismo, nos lleva de vuelta a la prehistoria de nuestra historia como Mujeres.