Mexicanas dedican 4 veces más horas a tareas del hogar

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Redacción

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LABORAL
Mexicanas dedican 4 veces más horas a tareas del hogar
Indispensable darle valor económico al trabajo doméstico

El trabajo no remunerado de las mexicanas aporta una quinta parte del Producto Interno Bruto (PIB) y es un asunto relevante para la macroeconomía, por lo que el Estado debe generar estrategias para repartirlo de manera equitativa.

La investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM Mercedes Pedrero, señala que es necesario ampliar el concepto de trabajo para abarcar el remunerado y no remunerado, y así extender las responsabilidades del Estado.

En un artículo publicado por la Sociedad Mexicana de Demografía (Somede), la experta dice que según las Encuestas de Uso del Tiempo del Inegi, para 2009 el trabajo doméstico no remunerado representaba el 21.7 por ciento del PIB.

Además acota que las mujeres realizan el 79.5 por ciento de tareas domésticas no remuneradas, lo que equivale a una aportación de 11 mil 821 millones de pesos.

En su artículo, Pedrero destaca que este trabajo es tan importante que equivale a tres veces la cifra propuesta por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), de 8 por ciento del PIB para el gasto en educación.

Agrega además que el trabajo doméstico tiene un valor económico porque genera bienestar. Según información oficial, los hombres dedican más tiempo al trabajo para el mercado, mientras que las mujeres invierten más horas en labores en el hogar.

En México, en promedio una mujer ocupa 38 horas y 56 minutos a la semana en estas actividades, mientras que un varón invierte 11 horas 43 minutos. Al revisar a detalle, se observa que una mujer soltera invierte 20 horas con 43 minutos y una casada ocupa 51 horas 35 minutos a la semana.

Ante esta situación, la investigadora explica que lo que no tiene valor económico no se considera importante y por tanto si el trabajo doméstico es un factor invisible en la economía, es necesaria su valoración monetaria.

Pese acoso, Berta Cáceres no ceja en la defensa del Pueblo Lenca

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por: Anaiz Zamora Márquez y Yunuhen Rangel Medina, enviadas

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ENTREVISTA
Pese acoso, Berta Cáceres no ceja en la defensa del Pueblo Lenca
Encabeza resistencia contra hidroeléctricas en Honduras

CIMACFoto | retomada del portal del copinh.org
CIMACFoto | retomada del portal del copinh.org

Definir a Honduras como “el país más peligroso del mundo” es estigmatizar a esta nación ante la explotación irracional de tierras, la privatización de recursos naturales y capital humano, y sobre todo los malos gobiernos que padece.

Es también no darse cuenta que en el país centroamericano existe el Pueblo Lenca, una comunidad indígena en “rebeldía y resistencia” que por ahora hace escuchar sus ideas, creencias y cosmovisión a través de Berta Cáceres, dirigente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh).

Mujer de “copal y calenda” (como se nombra a las mujeres lencas), enfrenta dos procesos penales que ella llama un intento de castigo por su empeño de defender a las mujeres y niñas que viven en la región de Río Blanco (en el departamento de Atlántida, al norte de Honduras), y cuyo afluente está en la mira de las empresas transnacionales empeñadas en convertirlo en represa hidroeléctrica.

Soportando el frío en el municipio de Siguatepeque, departamento de Comayagua, Cáceres responde a Cimacnoticias por qué una mujer en medio de contextos adversos y de alto riesgo se vuelve defensora de los Derechos Humanos.

“La mía es una larga historia de mujeres de batalla. Mi madre también era una mujer dedicada a la lucha por conquistar sus derechos; me vi influenciada por su trabajo de enfermera, de partera, de organizar a las y los compañeros”, explica.

“Vengo también de la lucha con las compañeras indígenas, una familia en la que la presencia de las mujeres siempre es muy fuerte, presencia ligada al tema de la salud, la tierra y la medicina natural, y que nos ha llevado a enfrentar también la represión patriarcal y la violencia”.

Fue en ese proceso de lucha que se integró al Copinh, organización con más de 20 años de historia que defiende los derechos del Pueblo Lenca.

Cáceres cuenta que con el tiempo el Comité amplió su perspectiva a un “proceso político social indígena”, que tiene que ver con la defensa de los territorios, los bienes, la naturaleza, la cultura, la espiritualidad y también los derechos de las mujeres.

La lucha del Copinh es anticapitalista y se empeña por empujar un proceso antipatriarcal, “que no soñamos sino por el que vamos caminando”, argumenta la líder indígena.

La organización ha peleado luchas muy fuertes, que van desde la expulsión de empresas explotadoras de madera, hasta la oposición a más de 15 proyectos hidroeléctricos.

“Somos un pueblo que ha sido bien rebelde en la lucha” y que conquistó el reconocimiento de sus prácticas originarias, por ejemplo la tradición de la “compostura del río”.

GOLPE DE ESTADO, UN RETROCESO

Berta Cáceres recuerda que antes del golpe de Estado de 2009 y que hundió a Honduras en una grave crisis social, el Copinh empujaba y demandaba una reforma constitucional que fuera pluricultural, incluyente y democratizadora, aunque advierte que no le gusta el término. “Veníamos luchando porque el país iniciara proyectos construidos desde los movimientos sociales”, aclara.

Pero con la asonada, las distintas organizaciones abandonaron su lucha individual “y nos enfocamos totalmente a luchar en contra del golpe y la represión; ahora seguimos empujando la lucha por la refundación”.

El río que cruza la cordillera hondureña, además de su riqueza en biodiversidad, tiene una trascendental importancia en la historia de rebeldía del Pueblo Lenca.

Desde la cosmovisión de esta comunidad, el agua es un elemento fundamental: “Es parte del equilibrio, de la creación de la vida, por eso creemos que en el río viven los espíritus de niñas y mujeres, a quienes hay que cuidar, respetar y tratar como iguales. Es lo que implica que la comunidad tenga tanta fuerza para defender su río”.

El 1 de abril de 2013 la zona indígena que rodea al Río Blanco decidió hacer uso de su autonomía y control territorial ante la amenaza del proyecto hidroeléctrico de la empresa DESA “que se presenta como hondureña”, y que para lograr su objetivo comenzó meses antes una ocupación militar para “intimidar al oprimido”, relata Cáceres.

Fue así que el pasado 24 de mayo, cuando Berta se trasladaba a una reunión junto con un compañero, fue interceptada por un batallón de militares que le “sembró” un arma en su camioneta. Fue detenida un día entero, acusada de los delitos de portación ilegal de armas y contra la seguridad del Estado.

La otra acusación que pesa en su contra proviene de la empresa DESA, que la acusa de “usurpación de daños continuados” y “coacción”.

“Durante la audiencia judicial que duró dos días completos, DESA argumentó que al estar yo al frente del Copinh ellos han perdido más de 3 millones y medio de dólares. Uno de los argumentos para acusarme de iniciar la violencia es que los indígenas no saben pensar y que necesitan a alguien que se les esté diciendo qué decir.

“Sus argumentos son racistas, discriminatorios y misóginos; por ejemplo cuando las compañeras relataban la importancia espiritual del río, ellos se rían y despreciaban los argumentos”.

“HEMOS ARRANCADO NUESTROS DERECHOS”

Berta considera que los ataques en su contra tienen un componente de género, pues “no es lo mismo cuando una mujer es dirigente a que cuando lo es un hombre”.

Relata que ha sido víctima de acoso y hostigamiento sexual, y que ha vivido con el temor que le generan las llamadas o mensajes en los que le amenazan con lastimar a sus hijas o su familia; además a diario se enfrenta al cuestionamiento sobre su desempeño al frente de la organización.

“Muchas de las amenazas en mi contra sostienen que siendo yo coordinadora del Copinh, lo he conducido mal, que no soy estratega, que se ha perdido la perspectiva porque se ha llegado a la violencia.

“Nunca hemos traicionado al gobierno, la realidad es que hemos arrancado los logros y nunca hemos pedido caridad o migajas; es un derecho de las comunidades tener una escuela, una casa de sanación y justicia de las mujeres, el reconocimiento de los derechos de las mujeres no es un favor: es una obligación del Estado.

“Pero no sólo son obligaciones, yo peleo porque mis compañeras asuman sus responsabilidades; las mujeres tenemos un papel histórico de empujar la refundación y reconstrucción de una nación, proceso que se construye por adelantado y se tiene que ver expresado en esos cambios de posesión de poder entre mujeres y hombres, así como en las prácticas y las conductas que tenemos”.

“Espejismo” de trabajo temporal atrapa a guatemaltecas

STAFF:Matrix Noticias/CanalMatrix/CimacNoticias/por:Lizbeth Ortiz Acevedo, enviada

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CIMACFoto | retomada de teyacapan
CIMACFoto | retomada de teyacapan

Ante la violencia y abusos que implica la ruta migratoria tradicional, indígenas mayas guatemaltecas denuncian explotación y violencia por parte de granjeros y empresas canadienses, que las contratan de forma temporal para luego despedirlas injustificadamente.

La ONU, en su informe “Violencia contra las trabajadoras migratorias”, señaló que en 2013 la mayoría de las mujeres emigraron a consecuencia de la violencia de género, la discriminación y la desigualdad en la que viven.

Recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en su documento “Mujeres indígenas en América Latina. Dinámicas demográficas y sociales en el marco de los Derechos Humanos”, llamó a los países de la región a poner en práctica políticas basadas en estándares humanitarios y en los principios para mitigar la desigualdad que afrontan estas mujeres.

Así lo reconoció José Sicajau, representante legal de la asociación guatemalteca Unidos por Nuestros Derechos, al afirmar que esta forma de migración documentada se vislumbra como una oportunidad laboral para las indígenas, pero están sufriendo abusos ya que son encerradas en las granjas de trabajo y se les impide cualquier acercamiento con otras personas.

Esta situación que se vive en la provincia canadiense de Quebec, explicó Sicajau, también deriva en el despido injustificado de las mujeres jornaleras y su eliminación de la lista como trabajadoras temporales, lo que para muchas de ellas les genera una deuda impagable ya al obtener el empleo adquirieron créditos para comprar casas o terrenos.

La Encuesta sobre Remesas 2010, elaborada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), estima que en 2013 unas 389 mil guatemaltecas residían en el exterior y enviaban remesas a su país.

Según Jacobo Vargas, responsable del Proyecto de Estudios Internacionales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Guatemala, dijo a Cimacnoticias que si bien estos contratos yendo a Canadá les pueden durar hasta 15 años –de cuatro a 10 meses por año– “son muy inestables” porque hay mujeres que son excluidas del programa de visas temporales aunque hayan cumplido con su trabajo.

El especialista explicó que Canadá abrió un programa piloto con Guatemala en 2003 en el que intervino la OIM, para ubicar a jornaleras que conocieran el manejo de la uva, lechuga o brócoli, y emplearlas en el país del norte, pero después esta forma de empleo que benefició a las guatemaltecas se hizo “totalmente privada”, por lo que los gobiernos dejaron de intervenir.

Asimismo dijo que en el país centroamericano hay tres movimientos de migración temporal a España, Estados Unidos y Canadá. A esta última nación se dirigen las mujeres que carecen de estudios y que “no tienen el sueño americano”.

Alba Quel, de 42 años, se fue en 2003 a Canadá porque quería dar una vida de mayores oportunidades para sus dos hijas. Emigró como jornalera y durante tres meses trabajó la siembra y cosecha de la fresa, pero fue eliminada del programa por “abandono de empleo”, lo cual fue desmentido por la mujer, quien aseguró que cumplió con lo que se le exigía.

Desde las seis de mañana, Alba trabajaba 14 horas en los campos canadienses. Relató que al llegar la noche los granjeros encendían las luces de los tractores y de la maquinaria para que las mujeres continuaran su labor.

Por tres meses de trabajo ella obtuvo 23 mil quetzales (poco más de 38 mil pesos mexicanos, según el tipo de cambio actual), cifra que nunca antes había obtenido en Guatemala por tareas domésticas, ya que como máximo percibió mil 400 quetzales (2 mil 300 pesos mexicanos).

Sin embargo, al regresar de Canadá tuvo que costear una cirugía que le practicaron a su hija y por la que pagó 5 mil quetzales (8 mil 300 pesos mexicanos), ya que ni ella ni su familia cuentan con un seguro médico.

Al preguntarle si pensó en algún momento emigrar a EU de manera irregular, dijo que sí, pero ante las advertencias sobre la violencia sexual que sufriría en la ruta por México optó por trabajar en Canadá.

Jacabo Vargas advirtió que el flujo migratorio es imparable e irreversible, ya que los países centroamericanos viven en un estancamiento social y cultural “muy fuerte”, y la gente del campo carece de oportunidades.