Desprotegidas ante violencia, mujeres migrantes y afroamericanas

STAFF:MTXNoticias.com/CanalMatrix/CIMAC/por: Gladis Torres Ruiz

INTERNACIONAL
Desprotegidas ante violencia, mujeres migrantes y afroamericanas
Excluidas del sistema de justicia en EU: PNUD
 
México, DF, 23 oct 12 (Cimacnoticias).- En Nueva York, las mujeres afroamericanas y migrantes sin documentos que son víctimas de violencia de género están en la indefensión, ya que por miedo y no confiar en la protección del Estado no buscan ayuda, alertó Alan Grieg, integrante del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
 
El experto en violencia de género dijo a esta agencia de noticias que la justicia para las afroamericanas y migrantes sin documentos está en entredicho, toda vez que a menudo ellas desconfían de los tribunales y las cortes, y prefieren no denunciar abusos de los que son objeto muchas veces al interior de sus hogares.
 
A las mujeres se les hace más fácil conseguir trabajo (limpieza, cocina, entre otras labores) que a los hombres, lo que deriva en que tengan más dinero que sus compañeros. Esta mayor capacidad económica las empodera y las hace independientes, por lo que tienen más libertades que sus países de origen.
 
Esto genera mucho conflicto en sus relaciones debido al estatus indocumentado, por lo que no pueden acudir a la policía para obtener justicia. No tienen lugares a dónde acudir, sólo se pueden apoyar entre ellas, abundó Grieg.
 
El maestro en Estudios Sociales por la Universidad de Oxford señaló que la violencia contra las mujeres no se ve aún como un problema social grave, sino como algo “normal”.
 
“Muchas mujeres en Nueva York, particularmente las afroamericanas o migrantes, no obtienen justicia de la policía de ninguna manera y por eso no confían; además de que muchos hombres no hacen lo suficiente por ayudarlas a obtener justicia, aun cuando ellos mismos no sean violentos”.
 
En Nueva York la violencia de género es un problema grave, y el más grande es la falta de apoyo para las mujeres.
 
Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, en 2011 una de cada cuatro mujeres en Estados Unidos había sufrido violencia física grave por parte de su pareja en algún momento de su vida.
 
Alan Grieg indicó que hasta el momento las mujeres víctimas de violencia de género sin documentos reciben algunos apoyos, pero la gran mayoría no son oficiales, puesto que hay organizaciones civiles que trabajan con comunidades de migrantes.
 
Tenemos que nombrar a la violencia y responsabilizar a quienes la ejercen, es decir, recordar que el Estado está para apoyarnos y protegernos, no para abusar de nosotros, sostuvo el integrante del PNUD.
 
Concluyó que en estos momentos se discute en el Congreso de EU la Ley sobre Violencia contra la Mujer, y dentro de sus disposiciones se analiza si se debe atender a las mujeres migrantes.
 
El proyecto de ley prevé protección y servicios legales para combatir la violencia doméstica y sexual, y el acoso.

Dejan todo con tal de encontrar a sus hijas

STAFF:MTXNoticias.com/CanalMatrix/CIMAC/por: Danilo Valladares, corresponsal

LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Dejan todo con tal de encontrar a sus hijas
Centroamericanas siguen la pista de mujeres desaparecidas

Guatemala, 23 oct 12 (Cimacnoticias).- “Mi hija Diana Maribel Rivera Muñoz vino a trabajar a Guatemala, pero desde hace siete años ya no supimos nada de ella”, dijo entre lágrimas Suyapa Muñoz, originaria del departamento de Chinandega, Nicaragua.

Muñoz viaja en la “Caravana de Madres Centroamericanas de migrantes desaparecidos en tránsito por México, Liberando la Esperanza”, en la cual participan 60 mujeres de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala, en busca de sus hijas e hijos.

“Venimos con tanto esfuerzo de Nicaragua con la esperanza de que nos ayuden a buscar a nuestros hijos perdidos”, dijo la madre nicaragüense cuya vida cambió desde la desaparición de su hija. “Estamos desesperados, mi mamá está grave, no come, no duerme porque quiere ver a su nieta que ahora debe tener 44 años de edad”, relató.

Además de sobrellevar la desaparición de su hija, Muñoz debe mantener a otros cinco hijos suyos y a los tres hijos que procreó Diana Maribel.

“También tengo otros dos nietos de otro hijo mío que me los dejó la mamá, quien también se vino para Guatemala y no sabemos qué ha pasado con ella”, narró esta madre que se dedica a lavar y planchar “para ganar un poquito e irla pasando”.

“Yo le pido a ella que si está viva, que por favor nos hable. Estamos angustiados porque no sabemos qué ha pasado con su vida”, rogó a su hija.

María Eugenia Barrera Rocha, de 43 años, también originaria de Chinandega, participa por segunda vez en esta caravana en busca de su hija Clementina del Carmen Lagos Barrera, quien desapareció el 9 de noviembre de 2003 cuando tenía 17 años.

“Ese día recibió dos llamadas telefónicas donde le proponían un negocio. Yo logré escuchar que ella preguntó qué tipo de negocio, pero cuando le pregunté no me quiso decir quién era la persona ni qué negocio le ofrecían”, recuerda sosteniendo un retrato de su hija.

A pesar de que su madre no le dio permiso, Clementina abandonó Chinandega y también a sus hijas gemelas, entonces de 11 meses de edad. Desde entonces su madre comenzó una búsqueda incesante de su hija por El Salvador, Guatemala y México.

Precisamente en el viaje a México hace un año, la fotografía de su hija Clemen, como le llama, fue reconocida en Tapachula y sus esperanzas de encontrarla renacieron. “Una señora cree que está en una de esas colonias. Yo no pierdo las esperanzas de encontrarla”, dijo.

Lidia Diego, una indígena guatemalteca, también se unió a la caravana en busca de noticias de su hija, Leonora Morales Diego, de 21 años.

“Desde hace cuatro años no he sabido nada de ella, sólo rumores de la gente que me dice que ya no la voy a encontrar. Pero yo no creo en eso porque quiero encontrar a mi hija sana y aunque haya montón de cosas yo creo en Dios”, dijo entre sollozos.

Diego debe dejar a sus otros nueve hijos mientras busca a Leonora, quien viajó a México con 16 años de edad para buscar a su novio.

“Quiero encontrar a mi hija porque la familia la necesita”, explicó la campesina, quien vive de la siembra de maíz, frijol, arroz y cardamomo en Ixcán, Quiché, una región asolada por la guerra interna que vivió el país entre 1960 y 1996.

Así, las madres continuarán su recorrido con la visita de albergues, casas del migrante y centros de detención, para encontrar noticias de sus seres queridos.

En total impunidad, personal del ferrocarril abusa de migrantes

STAFF:MTXNoticias.com/CanalMatrix/CIMAC/por: Guadalupe Cruz Jaimes, enviada

LA OTRA RUTA MIGRATORIA
CONTEXTO
En total impunidad, personal del ferrocarril abusa de migrantes
Piden “favores sexuales” a mujeres a cambio de viajar en el tren
 
Huehuetoca, Estado de México, 23 oct 12 (Cimacnoticias).- Las autoridades mexicanas deben supervisar al personal de las estaciones del tren conocidos como “garroteros”, pues se dedican a extorsionar a las personas migrantes y agreden sexualmente a las mujeres que suben a los ferrocarriles rumbo a la frontera norte.
 
Lo anterior lo señaló Maribel, migrante originaria del municipio hondureño de Progreso Yoro, entrevistada en el albergue San José del Hermano Migrante, ubicado en Huehuetoca, Estado de México.
 
La mujer de 41 años de edad tuvo que salir de su país porque fue despedida de su trabajo y nadie más la contrató. “A mi edad ya nadie nos emplea, sólo aceptan de 18 y 30 años”.
 
Ante la falta de recursos para mantener a sus tres hijos, tomó la decisión de migrar, aunque ello le implicara atravesar “un calvario” en su paso por México.
 
“Es duro, uno vive tantas injusticias, los ‘garroteros’ abusan de la mujer, creen que porque montan un tren tienen derecho de tener sexo con ella”.
 
A las mujeres, relató, les dicen que si quieren que las dejen subir a los ferrocarriles tienen que pagar y si no traen dinero las agreden sexualmente. “Si no les das para la soda, te piden otra cosa para montarte al tren”, mencionó.
 
Maribel refirió que la mayoría de las migrantes esta expuesta a ese tipo de violencia porque “vamos con el dinero contado para comer algo en el camino”.
 
La hondureña todavía tiene que subir a tres trenes para llegar a la frontera norte. Ella salió de su país con 3 mil lempiras (mil 980 pesos mexicanos), pero sólo le duraron hasta Tenosique, Tabasco.
 
Según la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, cada año ingresan al país 150 mil migrantes sin documentos, la mayoría provenientes de Centroamérica.
 
De acuerdo con organizaciones civiles de Derechos Humanos, esta cifra asciende a 400 mil, de los cuales cerca de 30 por ciento son mujeres, casi todas centroamericanas.
 
Las asociaciones defensoras de los derechos de las y los migrantes estiman que 6 de cada 10 de las mujeres que ingresan de forma irregular al país, son violadas sexualmente.
 
Ante esta situación, la centroamericana demanda la intervención de las autoridades mexicanas. “Necesitamos que supervisen a los garroteros que trabajan en las estaciones de los trenes, porque es injusto lo que hacen. Como mujeres, como seres humanos, merecemos respeto”, refirió categórica.
 
Maribel recordó que las y los migrantes “no salimos de nuestro país por gusto, salimos porque no tenemos de otra para sacar adelante a nuestra familia, para que nuestros hijos estudien”.
 
A diferencia de la gran mayoría de las migrantes, la hondureña no tiene como destino Estados Unidos, ella va a Saltillo, Coahuila, a trabajar con una señora que tiene una dulcería.
 
Esta es la segunda vez que migra, en el primer viaje conoció a la que ahora es su patrona en La Casa del Migrante de Saltillo y se quedó a laborar con ella “para no seguir padeciendo”.
 
Maribel gana 2 mil 600 pesos a la quincena, con ese ingreso mantiene los estudios de sus hijos, ésa es su meta, pues “en Honduras estamos llegando a una situación en la que el que no tiene título no halla trabajo”.

Las migrantes respiran miedo en Huehuetoca

STAFF:MTXNoticias.com/CanalMatrix/CIMAC/por:Guadalupe Cruz Jaimes, enviada

LA OTRA RUTA MIGRATORIA
Las migrantes respiran miedo en Huehuetoca
Eurodiputadas registran maltratos a centroamericanas
 
Huehuetoca, Estado de México, 22 oct 12 (Cimacnoticias).- En el Estado de México las centroamericanas sufren el rechazo de habitantes, así como abusos de delincuentes y policías, sin que la autoridad las proteja.
 
Entre la zozobra y el miedo, Aleyda, migrante hondureña de apenas 17 años, se resguarda temporalmente –en lo que reinicia su camino hacia la frontera norte– en la Casa del Migrante San Juan Diego, en el municipio de Huehuetoca, Estado de México.
 
Con cuatro meses de embarazo, la adolescente cuenta que la violencia la hizo huir de país. “No miraba futuro, hay veces en que en un día hay 30 muertos porque hay bastante delincuencia. Los ‘maras’ obligan a meterse en pandillas, a andar robando. Te llegan a matar por nada”, relata.
 
Así como Aleyda, otras migrantes centroamericanas llevan 15 días de viaje en trenes de carga desde la frontera sur de México. Lograron llegar al Edomex tras padecer las inclemencias del tiempo, los abusos de la policía y de la delincuencia organizada.
 
Tras el cierre el pasado 7 de junio del albergue que también se llamaba “San Juan Diego”, en Lechería, municipio mexiquense de Tultitlán, la situación para ellas se ha agravado.
 
El refugio administrado por la Diócesis de Cuautitlánfue clausurado ante las protestas de vecinos que se oponían a que las y los centroamericanos recibieran “ayuda gratuita”.
 
Ahora tienen que caminar cerca de 50 kilómetros desde Lechería para llegar a los albergues abiertos en agosto pasado en Huehuetoca. Quienes deciden descansar en Lechería aguardan unas horas para volver a “montar” un ferrocarril en trayecto al norte del país.
 
Ésas son algunas de las crudas estampas que observan las diputadas del Parlamento Europeo Satu Hassi y Ska Keller, durante su visita a la zona de tránsito de migrantes en Tultitlán y Huehuetoca.
 
TESTIMONIOS DEL ABUSO
 
El recorrido de las legisladoras inicia en Lechería, donde unos cuantos migrantes descansan a la sombra de los árboles a un costado de las vías. Resguardadas por policías federales y estatales, las eurodiputadas se entrevistan con hombres hondureños que esperaban la salida del próximo tren.
 
Esta localidad es insegura para las y los migrantes, ya que se han registrado secuestros masivos. Aún así, duermen en la calle pero están al pendiente de no ser presa de delincuentes.
 
Los migrantes narran las extorsiones que sufren de los “garroteros” (personal de las estaciones de tren) para que les permitan viajar en el ferrocarril, así como de la policía.
 
“Íbamos a comer unas sardinas, y uno (de nosotros) sacó una navaja para abrirlas, pero la policía municipal lo vio y se acercaron para revisarnos y nos quitaron todo lo que traíamos, como 2 mil 500 pesos”, cuenta un hondureño.
 
Durante su camino de casi una hora hacia los dos albergues en Huehuetoca, Satu Hassi y Ska Keller observan en las calles a migrantes que piden dinero para comer y seguir su viaje. Otros descansan bajo los puentes vehiculares.
 
El albergue San José del Hermano Migrante, abierto por organizaciones civiles y estudiantes, consta de dos habitaciones donde se guardan las donaciones de víveres y colchonetas. El resto es un patio de piso de tierra con techos provisionales de lona bajo los cuales pueden descansar alrededor de 100 migrantes.
 
Ahí reciben agua, alimentos, y lo necesario para asearse. Su estancia es breve. “El tiempo necesario para descansar y volver a montar el tren”, dice la hondureña Yoselin Alvareño, de 30 años, quien lleva ya un día en el albergue.
 
Ella platica que salió de su país porque no hay empleo y los salarios son muy bajos. Trabajaba como empleada del hogar, ganaba 2 mil lempiras al mes (mil 322 pesos pesos mexicanos), insuficientes para mantener a sus cuatro hijos, ya que es madre soltera.
 
Yoselin migró acompañada de su cuñado, con quien subió a tres trenes para llegar a Lechería. “Ha sido muy duro, me caí algunas veces y me lastimé el brazo y la rodilla. También hay que aguantar el frío y la lluvia en las noches”, explica.
 
La hondureña es una de las cinco mujeres que habitan el albergue, pero cada día llegan decenas más de migrantes, 10 por ciento del sexo femenino.
 
El otro albergue, la Casa del Migrante San Juan Diego –instalado por autoridades mexiquenses y de la Diócesis de Cuautitlán– está
alejado de la zona urbana en Huehuetoca y cobija a unos 50 migrantes. Aquí apenas hay tres mujeres, dos de ellas embarazadas, entre ellas Aleyda, la joven que inició este relato.
 
Ella dice que sólo pasará una noche más en el albergue, donde las y los migrantes únicamente pueden permanecer tres días, en los cuales se les prohíbe salir de las instalaciones.
 
“Al estar en medio de la nada se pone en riesgo a esta población, si los ‘levantan’ nadie se va a dar cuenta”, advierte Jorge Andrade, coordinador del albergue San José del Hermano Migrante.